INFLUENCIA LEGÍTIMA

Representación de intereses: los registros de Transparencia

Una herramienta útil pero incompleta

Un artículo reciente alertaba de lo que llamaba la influencia tentacular de las grandes empresas norteamericanas en Bruselas.  El artículo comentaba que siete grandes compañías tecnológicas como Microsoft, Google, Uber y Apple habían invertido 13 millones de euros anuales para influir en los procedimientos regulatorios que desde Bruselas se dirigen a todos los países de la UE.

También recogía los datos publicados por Transparencia Internacional sobre el número de reuniones mantenidas por estas empresas con los comisarios de la Comisión Europea: Google lidera el palmarés con 124 encuentros entre noviembre de 2014 y enero de 2017, seguido de Microsoft con 64 en el mismo periodo de tiempo.

Estos datos, aunque son verídicos, no reflejan necesariamente toda la realidad. Por poner dos ejemplos muy concretos: hay empresas americanas que no son tecnológicas y que dedican aún más recursos que las arriba mencionadas, como es el caso de General Electric (5,5 millones en 2015); y también hay empresas europeas que invierten en lobby casi tanto o más que Google y Microsoft.

Toda esta información está disponible en el Registro de Transparencia de la UE, que desde su creación en 2011 ha sido objeto de no pocas críticas. Por un lado, su carácter voluntario imposibilita conocer a todos los actores que defienden sus intereses en el escenario europeo; por otro, las omisiones o vaguedades de información al realizar la inscripción dejan lugar a un amplio margen de opacidad.

En paralelo a la creación del Registro han surgido diferentes iniciativas para traducir de alguna manera o explicar las cifras que ahí aparecen; portales como LobbyFacts.eu, que ofrecen de una manera sencilla y didáctica estadísticas sobre los gastos en los que incurren los actores en Bruselas y permiten ver la evolución de recursos que destinan las diferentes organizaciones. No deja de ser paradójico que una herramienta creada para arrojar luz con datos y cifras necesite a su vez ser aclarada; y deja patente que un registro incompleto no puede cumplir realmente su fin.

No obstante, por muy completo que fuera, un registro de estas características solo representa una porción del complejo del mundo del lobby en la UE. Los llamados registros de transparencia, tal y como están concebidos ahora, no ofrecen más que un atisbo de todo lo que gira en torno a la representación de intereses; una pequeña parte que se limita a mostrar, en el caso del Registro de la UE, los recursos que destinan las compañías y otras organizaciones a representar sus intereses.

Por eso es tan interesante la iniciativa puesta en marcha por Transparencia Internacional, a través de su portal EU Integrity Watch. Este recoge las reuniones celebradas en la Comisión Europea, información sobre las actividades de los eurodiputados e información sobre nuevos puestos de trabajo de antiguos eurodiputados y comisarios. Este tipo de información es la que permite obtener una perspectiva más completa y menos ingenua de la representación de intereses y de los posibles conflictos que estos pueden generar. No olvidemos que por cada empresa, asociación, patronal u organización causahabiente (o stakeholder, de manera genérica) que tiene un interés que representar y que se moviliza para ello, existe un abanico de intereses que se superponen y que en el caso de la Unión Europea tiene aún más capas: los intereses de cada institución, los intereses nacionales de los países afectados, los intereses de los políticos que tienen sus propias causas que defender o batallar y hasta los intereses del funcionario al que le ha tocado gestionar el dossier.

Si exigimos transparencia, seamos consecuentes y pidámosla a todos los niveles. Cuestión distinta es de qué sirve esta sobre-información, cómo mejora nuestra democracia y qué interés tiene realmente la sociedad en conocer esto (¿cuántas personas consultan estos Registros?). Pero eso es otro artículo…