INFLUENCIA LEGÍTIMA

Desperdicio alimentario, políticas públicas y legitimidad social

Artículo publicado en Alimarket dónde Elena Ortiz y Jorge Villarino, consultores de Vinces, nos cuentan sobre el cambio de paradigma en el sector

Desperdicio alimentario, políticas públicas y legitimidad social

Artículo publicado en Alimarket dónde Elena Ortiz y Jorge Villarino, consultores de Vinces, nos cuentan sobre el cambio de paradigma en el sector


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Con 1.300 M t de alimentos para consumo humano que se pierden o se desperdician al año en todo el mundo según la FAO, la preocupación en concreto por el desperdicio alimentario está cobrando un espacio en la actualidad del debate político en el sector. A nivel europeo, el pasado 11 de abril se aprobaba por unanimidad en la Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo el informe que pedía a los Estados Miembros la adopción de medidas para reducir el desperdicio alimentario .

Este informe se suma a la batería de medidas puesta en marcha por la Comisión Europea en los últimos años para concienciar, informar y reducir en última instancia este problema. También en España se ha creado en el Senado una ponencia de estudio sobre desperdicio alimentario y, tras la designación de sus miembros, solo está pendiente que se pongan en marcha los trabajos.

 

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El sector turístico de Estados Unidos teme pegarse un Trump-azo

Las Medidas de la Administración Trump asustan al Sector Turístico Estadounidense y sus previsiones económicas.

La industria del turismo en Estados Unidos está moviendo ficha frente a las políticas restrictivas en el ámbito de los viajes que está proponiendo Trump, por el miedo a que estas medidas puedan frenar la llegada de turistas internacionales y perjudicar a la economía del país.

Medidas adoptadas por la Administración Trump

Trump tiene una motivación clara: la seguridad. Sin embargo, en aras de la protección de los ciudadanos americanos, el presidente ha tomado varias decisiones que pueden elevar la percepción entre los viajeros de que no son bien recibidos en Estados Unidos o de que la entrada va a ser muy complicada, bajo la presunción de que cualquier turista es un posible terrorista.

El primer motivo de preocupación fueron las prohibiciones aprobadas por Trump para la llegada de viajeros procedentes de seis países de mayoría musulmana, que siguen suspendidas por la justicia a la espera de que los tribunales resuelvan definitivamente sobre su constitucionalidad.

Pero recientemente han venido más medidas. Primero, el Departamento de Seguridad Nacional vetó el acceso de algunos aparatos electrónicos (aquellos más grandes que un móvil) en las cabinas de los vuelos internacionales provenientes de ciertos países de Oriente Medio y África, lo que obliga a los pasajeros a facturarlos.

Pocos días después, el Departamento de Estado envió órdenes a todas las secciones consulares de sus embajadas para incrementar los controles de seguridad a la hora de conceder visados a turistas, viajeros de negocios y familiares de residentes americanos. Pese a que estar reglas no se aplican para los países incluidos en el programa de exención de visados (entre los que se encuentra España), esta decisión puede dificultar la entrada de millones de personas a Estados Unidos, en aplicación de la política de “escrutinio extremo” que Trump había anunciado en campaña.

Y por último, en su proyecto de presupuestos (pendientes de aprobación), Trump ha propuesto incrementar un impuesto aplicable a los billetes de avión para ayudar a cubrir los gastos de la TSA (Transportation Security Administration), agencia a la que pertenecen los empleados de seguridad y control de los aeropuertos. El incremento sería de un dólar por vuelo (de $5,60 a $6,60), con el propósito de recaudar 40 mil millones de dólares en los próximos 10 años.

El conjunto de estas medidas pone en riesgo al sector del turismo internacional, que en Estados Unidos genera unos 250 mil millones de dólares al año y sustenta más de 1,1 millones de puestos de trabajo. El país recibió 77,5 millones de turistas extranjeros en 2015, lo que supone el 6,5% de los viajes internacionales a nivel mundial. Por su parte, el sector turístico en general representa el 2,7% del PIB de Estados Unidos y es la séptima actividad económica que más empleo genera en el país.

Con estas cifras, Roger Dow, presidente de la U.S. Travel Association, ha afirmado que una caída del 5% del turismo internacional costaría a la economía americana entre 12 y 15 mil millones de dólares y decenas de miles de empleos. Por ello, Dow ha advertido que aunque la seguridad debe ser una prioridad, las decisiones de Trump pueden desincentivar a millones de turistas legítimos que aportan riqueza y beneficios económicos.

“América está cerrada al terrorismo, pero estamos bien abiertos a viajeros legítimos y les damos la bienvenida; los queremos”.

Movilización del Sector Turístico en Estados Unidos

Los principales líderes turísticos en Estados Unidos se están movilizando para evitar otra “década perdida” para el sector (como la que se produjo tras los atentados del 11-S de 2001), o que, en cualquier caso, se pueda frenar la tendencia positiva de los últimos años. Desde que el turismo internacional a Estados Unidos tocara suelo con 41,2 millones de visitantes en 2003, el número ha ido subiendo hasta los más de 77 millones actuales, y con previsiones de llegar a 94,1 millones en 2021, según el Departamento de Comercio americano.

El turismo no quiere que estas estimaciones se vean truncadas por la llegada de Trump, de forma que sus responsables han afirmado que el mensaje que quieren trasladarle al presidente es muy simple: “América está cerrada al terrorismo, pero estamos bien abiertos a viajeros legítimos y les damos la bienvenida; los queremos”.

En este sentido, Dow se ha mostrado optimista en poder reunirse pronto con miembros del gobierno para trasladarles la relevancia del turismo para la economía, con la esperanza de que Trump, como empresario hotelero que es, entienda la preocupación del sector.

Asimismo, decenas de representantes del sector están haciendo lobby también en el Congreso, defendiendo las bondades del turismo para que congresistas y senadores respondan también a las iniciativas restrictivas de Trump.

En un mundo globalizado, la competitividad entre destinos turísticos es feroz, y cualquier detalle puede traducirse en una pérdida de viajeros que deciden pasar sus vacaciones o celebrar sus eventos en otro lugar. La fijación de Trump con la seguridad está teniendo efectos en la llegada de turistas al país, y el presidente tendrá que encontrar el equilibrio entre proteger a sus conciudadanos y no espantar a aquellos que vienen de fuera y que son fuente de riqueza y empleo para muchos de esos mismos americanos.

Alfonso