INFLUENCIA LEGÍTIMA

Cinco claves para el sector agroalimentario en el nuevo escenario político

“El sector debe unirse y se ha acabado el tiempo de las estrategias reactivas”

El sector agroalimentario ocupó un espacio considerable en el seno de los programas políticos de las pasadas elecciones de diciembre de 2015. En el caso de los nuevos partidos políticos, entre un 7 y un 10% de sus programas electorales estaban dedicados a propuestas sobre el sector. Esta importancia sin embargo no se ha trasladado a la mayoría de los acuerdos de investidura en los gobiernos autonómicos, donde apenas se menciona, dando prioridad a otras cuestiones de mayor impacto político. No obstante forma parte del debate diario, y basta para ello observar por ejemplo las más de 130 iniciativas de incidencia en el sector que durante el mes de marzo se registraron o debatieron en los diferentes parlamentos autonómicos y en las Cortes Generales.

Para reflexionar sobre estas y otras cuestiones, el pasado 22 de abril Vinces acogió en su despacho un encuentro de trabajo con una decena de representantes del sector agroalimentario. En el mismo estuvo presente la totalidad de la cadena, desde la agricultura hasta los centros de distribución. Estamos hablando de un sector que contribuye de manera muy relevante al PIB español y, lo que quizá es más importante, al sostenimiento de un tejido económico y social que es consustancial a la estructura territorial de España por su particular y tradicional impacto en el mundo rural.

La finalidad de este encuentro fue abrir un espacio periódico de reflexión e intercambio de buenas prácticas, sobre en qué medida la fragmentación del poder político que estamos viviendo desde las elecciones autonómicas del pasado mes de mayo de 2015, así como la presencia de nuevos actores políticos, están provocando un cambio en la forma de trabajar por parte de los responsables de Public Affairs.

  • 1ª clave: existe una necesidad de adaptación a la nueva realidad. Los nuevos actores políticos y la sociedad exige profesionalidad y transparencia. El valor de la interlocución está en la veracidad y solidez argumental, basada en datos. Ahora más que nunca hay que enterrar el compadreo o el amiguismo como herramienta de interlocución con ministerio y partidos. Ello está inextricablemente unido a un reforzamiento del departamento o de los responsables de Public Affairs  o de relaciones institucionales en el seno de las organizaciones. Y es el momento adecuado para subrayar interna y externamente su importancia a la hora de optimizar el negocio de la organización.
  • 2ª clave: desde el punto de vista institucional, se incrementa la importancia de la institución parlamentaria. Hasta ahora el peso específico del Poder Ejecutivo en la toma de decisiones dejaba sin capacidad de actuación a los parlamentos. El escenario de fragmentación política, la debilidad numérica de los partidos en el gobierno y la consiguiente necesidad de pactos, aumenta el peso específico del órgano de deliberación. Es necesario conocer lo que se hace, se dice y se decide en los parlamentos a nivel nacional y autonómico.
  • 3ª clave: desde el punto de vista organizativo y estratégico, algunos de los métodos tradicionales de trabajo se han visto superados. En los procesos de toma de decisiones se observa que el sistema clásico de discusión y debate con los actores empresariales y con otros agentes sociales, ha dado paso a un mayor peso del mensaje político y de la decisión rápida. Ámbitos con gran predicamento político y social como el de la nutrición o la sostenibilidad medioambiental esconden decisiones de impacto directo en el negocio y en la viabilidad de determinados eslabones de la cadena.
  • 4ª clave: la legitimidad social y la unión de toda la cadena de valor del sector se hacen necesarios. A mayor legitimidad social, mayor capacidad de influencia política. Sacrificando en determinados momentos los intereses específicos de una organización, los retos que vienen exigen de la mayor legitimidad posible y consiguientemente de aunar esfuerzos conjuntamente.
  • 5ª clave: estrategia proactiva. No cabe esperar a que las medidas vengan dadas, a resignarse a las exigencias de Bruselas. La monitorización, vigilancia, construcción de coaliciones, alineación de intereses, diseño inteligente de estrategias y la adecuada implantación de estas, son la base para evitar –o al menos minimizar– los riesgos políticos y regulatorios.

 

 

La Legitimidad Social de la industria farmacéutica

Legitimidad social mediante información veraz, transparencia y participación en la sostenibilidad del sistema

Un 45% de las asociaciones de pacientes considera que la reputación de la industria farmacéutica es buena según la organización londinense Patientview, que encuesta a más de mil asociaciones en 72 países y que publicó sus resultados este mes de marzo; tres años atrás sólo el 34% de los encuestados opinaba así. De los que mantuvieron esta opinión positiva, un 75% consideró que la industria ha aportado productos o soluciones de alto valor añadido en el 2015. Por el contrario, un 75% de los encuestados afirmó que la política de precios de la industria no es justa, a excepción del caso español donde sólo el 35% lo consideró así. ¿Podemos estar satisfechos?

No hay nada nuevo al afirmar que la industria farmacéutica nunca ha gozado de buena reputación, pero impulsada –y en casos forzada- por las corrientes de buen gobierno y  transparencia, el sector farma está adoptando medidas para revertir este lastre. Sin embargo, esta cambio de imagen no es el resultado de una buena campaña de comunicación –bienvenida sea–, sino que este paradigma está siendo liderado por aquellos CEOs que están adaptando su modelo de negocio y de representación institucional a su legitimidad social. Legitimidad social entendida como la licencia social reconocida por todos los agentes (pacientes, sociedades científicas, médicos, funcionarios, autoridades, agencias) por la que la compañía busca maximizar beneficios y al mismo tiempo contribuye a la sostenibilidad del sistema de salud. En el siglo pasado, apoyar la sostenibilidad del sistema se podría ver como una externalidad negativa que impactaba negativamente en los beneficios. Hoy, los beneficios de la compañía dependen de su legitimidad social, de apoyar la sostenibilidad del sistema.

La conversación entre una compañía farmacéutica, a mi juicio, y un director general de salud de una Comunidad Autónoma, no puede centrarse en discutir sobre el posicionamiento de valor de un medicamento, sino que la conversación debe tener como centro al paciente. Como escuchaba recientemente a un decano de las relaciones institucionales, “nuestra conversación tiene que ser cómo hacemos para que los pacientes estén en su casa, que no necesiten un ingreso y que si lo necesitan, no pasen por urgencias”.  Legitimidad social significa que la compañía también piense – como también decía este directivo- “cómo ayudar al sistema para tener pacientes activos, que se responsabilicen de su salud y que cuando estén enfermos sepan gestionar su enfermedad, porque esto es lo más sostenible”, más allá de vender cajas.

Legitimidad social es aportar información veraz al Ministerio de Sanidad y a la AEMPS, pero también a los médicos, a las sociedades científicas y a los profesionales de la salud.

Legitimidad social es hacer transparentes las relaciones con todos los agentes, desde los decisores políticos y reguladores a las asociaciones de pacientes. Hace unos días Farmaindustria se incorporó al registro público de intereses de la CNMC.

Legitimidad social es generar puentes de diálogo con las asociaciones de pacientes y con la ciudadanía. No se trata de hablar de las bondades de nuestros productos o ser patrocinadores de eventos sino de escuchar necesidades, recoger información y pensar soluciones que faciliten la vida de los pacientes.

“Legitimidad social mediante información veraz, transparencia y participación en la sostenibilidad del sistema”

La industria farmacéutica, a mi juicio, no tiene delante un problema de reputación, sino que afronta el reto de incrementar su legitimidad social. Una legitimidad reconocida a base de trasladar información veraz, transparentar sus relaciones con los agentes y ejercer una participación proactiva e interlocución sincera para hacer sostenible la sanidad como uno de los ejes de cualquier política pública. Aquí radica la diferencia entre la vieja y nueva dirección de las compañías farmacéuticas.

David Córdova (Doctor en Derecho Constitucional)

Socio de Vinces y Profesor IE Business School

Esta Tribuna fue publicada en versión más reducida en Correo Farmacéutico (2-05-16)

Correo Farmacéutico

Desayuno Turístico

23/05/2016


Desayuno del sector turístico

Desde Vinces, queremos conocer la opinión de todos los representantes del sector turístico para poder, juntos, impulsar estas políticas sostenibles donde tanto sociedad civil como empresarios y administraciones encuentren el equilibrio perfecto. Por ello, organizamos con las principales empresas del sector un Grupo de Trabajo que tuvo lugar el 23 de mayo donde tratamos de desarrollar una estrategia que nos permitiese construir la legitimidad social del sector.



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