INFLUENCIA LEGÍTIMA

Entendiendo la economía colaborativa en el sector turístico

Smart Travel entrevista a David Córdova y Alfonso González de León, de Vinces, sobre economía colaborativa.

Smart Travel entrevista a David Córdova y Alfonso González de León, de Vinces, sobre economía colaborativa


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La regulación y la correcta definición de la economía colaborativa sigue siendo objeto de debate, así como sus verdaderos efectos en el sector turístico. En esta entrevista con los principales responsables de la consultora Vinces tratamos de de aclarar los términos en que debe ser observada la conocida como “economía colaborativa” y la necesidad de una legislación adaptada a este fenómeno. Nuestros consultores responden a estas preguntas, entre otras:

¿Es correcto hablar de “economía colaborativa” cuando detrás del fenómeno hay empresas que obtienen un beneficio económico?

¿Qué retos y oportunidades presenta la regulación de estos modelos innovadores de alojamiento?

¿La regulación de las viviendas turísticas debería parecerse a la de los hoteles?

 

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El impacto del Brexit en el sector agroalimentario.

Los directivos intensificarán las relaciones institucionales ante las próximas negociaciones.

 
Esta misma semana y tras un proceso parlamentario más farragoso del esperado, la Primera Ministra británica, Theresa May, ha anunciado el “pistoletazo de salida” para el proceso de salida del Reino Unido de la Unión Europea, con base en el artículo 50 del Tratado de la Unión. Vienen dos años de duras negociaciones con un Reino Unido que, respondiendo a su tradicional pragmatismo, va a intentar minimizar el impacto, fundamentalmente en el plano económico. Por otro lado, la Unión Europea, en un momento de cuestionamiento institucional y con las elecciones francesas a la puerta, tiene que adoptar un posicionamiento de dureza en la negociación, transmitiendo que salir de la UE no puede ser sencillo ni puede salir gratis; aunque puede ser que no todos nos podamos permitir esa dureza…

Sectores afectados por el Brexit en Reino Unido.

Desde la perspectiva del Reino Unido, son muchos los sectores afectados. El sector financiero, con el exponente de la City, es quizá el ejemplo por excelencia. Basta recordar cómo Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, apeló a un acuerdo transitorio para amortiguar el impacto en los negocios, manteniendo la situación actual hasta al menos 2021. Pero lo cierto es que –como ha señalado el Centre for Economics and Business Research y Open Britain en un estudio el pasado mes de noviembre–  la mayoría de los sectores de la economía británica están vinculados a la Unión Europea.

“el 70% de las exportaciones al Reino Unido provienen de otros Estados miembros de la Unión Europea”

Sin embargo, si hay un sector particularmente afectado en la isla, es el sector agroalimentario que tiene unas cifras muy vinculadas a la UE. Y además de un modo bidireccional. Pensemos que hoy día el 70% de las exportaciones al Reino Unido provienen de otros Estados miembros de la Unión Europea, ocupando un lugar destacado las provenientes de Holanda, Irlanda, Alemania, Francia y España; países que son también los primeros importadores de productos agro del Reino Unido, aunque con un lugar particularmente destacado para Irlanda.

Preocupación en España por el Brexit.

Desde la perspectiva española, el Brexit también es un motivo de preocupación. Basta para ello observar algunos datos genéricos: Reino Unido es el cuarto destino de nuestras exportaciones, habiendo superado los 18.000 millones de euros en 2016. Según algunas informaciones el Gobierno español considera que  el Brexit tendrá un impacto de entre dos y cuatro décimas en el PIB.

Pero también aquí la preocupación es particular en el caso del sector agroalimentario. Tras la industria automovilística –que ya en diciembre de 2016 el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad nos señalaba que en términos interanuales ha sufrido un descenso del 5,6% en sus exportaciones a UK–, con una cifra que en 2015 superó los 3.500 millones de euros, y con una balanza muy positiva, el sector agroalimentario es el segundo en volumen de exportaciones, por cuanto las importaciones apenas superaron los 1.200 millones. Si se observa el Directorio de empresas españolas en el Reino Unido elaborado por el ICEX en 2014, también el sector agroalimentario ocupa un lugar relevante en cuanto al número de empresas. A destacar, dentro del sector, el subsector de las frutas, hortalizas y verduras, que constituyen más de la mitad de nuestras exportaciones.

Relaciones institucionales: La mejor estrategia ¿Qué se debe hacer desde la industria? 

Trabajar con las autoridades. El proceso de dos años de negociaciones que se avecina y la incertidumbre que provoca lo desconocido, exigen de una alianza entre autoridades y organizaciones empresariales en nuestro país. Y cada sector va a velar por lo suyo. Es necesario combinar la firmeza de la UE con la flexibilidad que exigen nuestras relaciones económicas bilaterales. El Presidente del Gobierno señaló recientemente que quiere que el proceso del Brexit se haga “con rapidez, con aproximaciones constructivas y en positivo”.

Las empresas del sector agroalimentario, caracterizadas por una fuerte atomización, han de estar de manera organizada presentes en el debate porque las cifras de negocio lo exigen.Y ello requiere de unas líneas estratégicas, un plan de acción, una continua monitorización y la existencia de canales de diálogo fluidos, bidireccionales. Se hace necesario que el acercamiento entre lo público y lo privado, tan necesario en la construcción de políticas públicas, sea más real que nunca.

Si las relaciones institucionales se han visto siempre como un departamento de coste, lo que ha llevado a muchas empresas a ni siquiera disponer de un departamento específico, el Brexit es una prueba de fuego de su necesidad. Su labor y su quehacer profesional en estos dos próximos años van a afectar directamente a la cuenta de resultados.

Políticas públicas & legitimidad social

La importancia de la legitimidad social en la elaboración de políticas públicas: el ejemplo de la reforma del mercado único digital

 

Si el éxito de una política pública se mide por la mejora de los servicios respecto de la situación anterior, para que esta pueda llegar a triunfar es necesario que cuente con legitimidad social. De lo contrario, ante la opinión pública la reforma puede diluirse a una guerra de intereses, sin que sus verdaderos objetivos y razón de ser calen entre la sociedad. La reforma del mercado único digital actualmente en marcha es un buen ejemplo de cómo parece que las instituciones hablan un idioma diferente del de los stakeholders afectados; aquellas han conseguido que la reforma se reduzca a una batalla de los consumidores contra los reguladores por un lado y de las compañías tecnológicas versus los creadores de contenidos por otro.

La legitimidad social se construye necesariamente con tres herramientas:

La primera herramienta sería relativa a las  oportunidades de diálogo y consenso. Es necesario ofrecer espacios en los que los stakeholders implicados puedan discutir sobre los temas afectados y poner en común valoraciones y propuestas para enriquecer las propuestas. El acto que se celebró la semana pasada con ocasión de la reforma del mercado único digital (“Cultura en Red”) fue una buena ocasión para que instituciones, empresas de los sectores afectados y consumidores expusieran sus diferentes puntos de vista y comentaran las propuestas de la Comisión Europea.

La segunda herramienta es la educación. En el caso del mercado único digital y las implicaciones que tiene sobre la industria cultural, la educación es clave para que los ciudadanos entiendan la importancia de la diversidad cultural europea, la riqueza que esta aporta en términos económicos y de valores, y la ventaja competitiva que supone la cultura para la Unión Europea en un mundo globalizado. En esta área a menudo se ha puesto el foco en el aspecto punitivo de la lucha contra la piratería, sin acompañar este comportamiento sancionador de una pedagogía que explicara de una forma positiva todo lo que la cultura aporta.

 
Tercero, la comunicación. Aunque es un ejercicio que compete principalmente a políticos y reguladores, explicar los efectos de una reforma legislativa también beneficia a los demás stakeholders afectados. Un buen ejemplo es cómo en el referido acto de Cultura en Red, el representante de una empresa del sector audiovisual expuso, de manera clara y concisa, el sistema de financiación para producir películas en la Unión Europea, y cómo las propuestas de revisión del principio de territorialidad resultarían en una menor producción de obras europeas y por tanto en una menor diversidad de contenidos.

Particularmente importante es la comunicación en el caso de la Unión Europea, a la que se acusa a menudo de no saber conectar con los ciudadanos y de no comunicar de manera eficiente las reformas y ventajas que conlleva para los Estados. En esa estrategia confusa de comunicación, la propia Unión tira piedras contra su propio tejado cuando dice que “las normas de la UE empujan a los ciudadanos a robar”. Así fue el titular de un medio de comunicación que cubrió el evento de Cultura en Red y citó al vicepresidente de la Comisión Europea, Andrus Ansip. Este tipo de mensajes, aunque intentan conectar con la ciudadanía y replican los eslóganes de algunos grupos de presión, hacen un flaco favor a la justificación y defensa de la política pública cuyo objetivo último es mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos.

La reforma del mercado único digital trasciende los beneficios meramente económicos que aportará a los 500 millones de ciudadanos comunitarios, por su importancia estratégica en el futuro de la Unión Europea. Por eso es fundamental que instituciones europeas y nacionales logren la legitimidad social imprescindible para implantar con éxito las políticas públicas que conlleva.

 

Elena Ortiz

 

Entrevista a Joseph Stiglitz

Elena Herrero-Beaumont entrevista a Joseph Stiglitz para Ethic

Entrevista a Joseph Stiglitz

Elena Herrero-Beaumont, Consejera Editorial de Ethic y Socia de Vinces, entrevista al Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz para la revista Ethic.


Ethic

Stiglitz es uno de los detractores más sobresalientes del fundamentalismo de mercado, al afirmar que «los mercados no solo no conducen a la justicia social, sino que ni siquiera conducen a resultados eficientes». Es uno de los economistas que más ha escrito sobre las causas de la desigualdad.

Es por ello que a Stiglitz le adoran en la izquierda y le repudian en la derecha. Con este último libro, sin embargo, se ha ganado la enemistad también de la izquierda. Y es que el euro es un terreno delicado para la mayor parte del establishment español y europeo con independencia de la ideología. En general, ha sido el libro más criticado de Stiglitz, porque, aunque algunos coincidan con el diagnóstico, la solución, argumentan, es casi inviable.

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La presidencia eslovaca de la UE y el mercado único digital

Retos y obstáculos de los próximos seis meses

Desde el 1 de julio Eslovaquia ostenta la presidencia transitoria de la Unión Europea. Durante los próximos seis meses, al país le corresponde tomar el relevo de los holandeses y guiar a la Unión en la consecución de sus objetivos. Su programa de estos meses tiene cuatro prioridades: una Europa económicamente fuerte, un mercado único moderno, políticas de inmigración y asilo sostenibles y una Europa más comprometida globalmente.

Modernizar el mercado único pasa necesariamente por completar el mercado único digital o Digital Single Market (DSM), cuya estrategia presentó la Comisión Europea en mayo de 2015 con 16 iniciativas interconectadas y agrupadas en 3 pilares: acceso, regulación, economía y sociedad. Según cifras de la Comisión Europea, la consecución del DSM podría aportar hasta 415.000 millones de euros al año a la economía europea, además de crear empleo y transformar los servicios públicos. La recompensa es enorme pero también lo es el reto: existen diferencias abismales entre países de la Unión, pero de media, solo el 7% de las PYMES vendieron online a otros países en 2015 (frente a un 24% en su propio país), y un 41% de la masa salarial es digitalmente iletrada. En el caso de España, nuestro país destaca en e-governance, donde estamos creciendo en la implementación de la digitalización en la Administración pública, pero se echa en falta una digitalización en las PYMES que se calcula podría aportar al PIB 40.000 millones de euros.

Si bien en un principio se contaba con que las 16 iniciativas estuvieran completadas a finales de 2016, ya ha habido un retraso en varios dossiers. En mayo se presentaron cuatro propuestas, relativas al bloqueo geográfico injustificado (geoblocking), la protección de los consumidores, la propuesta de Reglamento para paquetería y las prácticas comerciales desleales. Se espera que en otoño se presenten las propuestas relativas a derechos de autor, telecomunicaciones y el IVA.  Habida cuenta de los retrasos, el Consejo de la Unión Europea, en sus conclusiones de la cumbre de junio 2016, pidió a la Comisión Europea que la estrategia estuviera implementada en 2018.

La presidencia eslovaca, que ostenta este cargo por primera vez desde que accedió a la UE, se ha encontrado con este retraso con el que debe lidiar como primer obstáculo. Se ha propuesto por tanto centrarse en impulsar las negociaciones de la propuesta legislativa en curso sobre el geoblocking y lanzar el debate sobre las propuestas del llamado pasaporte para proveedores de servicios (Services Passport) y la reforma del procedimiento de notificación para la Directiva de Servicios. Ahora bien, además de las dificultades habituales que conlleva intentar avanzar temas polémicos o donde entran en conflicto múltiples intereses a nivel europeo y nacional, los eslovacos pueden tener otro obstáculo en su camino. El resultado del Brexit parece que corre el riesgo de monopolizar las discusiones de los próximos meses y de ocasionar una parálisis de otros temas, más aún en temas digitales cuando son dos eurodiputados británicos, el socialdemócrata Claude Moraes y la conservadora Vicky Ford los que presiden dos comisiones clave para el ámbito digital, como son la del mercado único y la de libertades e interior. Sin embargo, en lo relativo a derechos de autor, algunos expertos afirman que es donde (casi) puede verse el lado positivo al Brexit: si Reino Unido se va de la UE, su tradicional liderazgo en oponerse al enfoque continental más pro-creadores podría allanar el camino a la consecución de un copyright europeo.

Sea como fuere, el proyecto del DSM simboliza a la perfección la complejidad de la Unión Europea y su objetivo último, que no es otro que acercar y mejorar la vida de 500 millones de ciudadanos, unidos por unos lazos históricos, culturales y comerciales muy fuertes. En palabras de la presidencia eslovaca, la libertad de movimiento en el área digital y la libertad de circulación en el mercado único constituyen de alguna manera la quinta de las hasta ahora cuatro libertades fundamentales. En un acto sobre el DSM en Madrid en junio, el embajador holandés en España, Matthijs van Bonzel lanzaba el desafío: “Can Europe take the lead?” La respuesta solo puede ser que la UE puede y debe liderar en este tema.