INFLUENCIA LEGÍTIMA

El gabinete de Trump toma forma rodeado de incógnitas

Trump ya tiene a sus colaboradores más cercanos, pero siguen las dudas sobre su presidencia

El Presidente electo Donald Trump ha nombrado en las últimas semanas a los responsables de las carteras más importantes de su gobierno. Este equipo formará, según muchos expertos, el gabinete más conservador de la historia americana moderna. De lo que no cabe duda es que su perfil es heterodoxo e inusual, con varios miembros sin experiencia política y a los que hubiera costado imaginar en esos puestos si hubiera ganado las elecciones un candidato al uso.

Por un lado, Trump ha optado por algunos perfiles políticos como el Senador por Alabama, Jeff Sessions, y el Fiscal General de Oklahoma, Scott Pruitt, como cabezas del Departamento de Justicia y de la Agencia de Protección Ambiental respectivamente. Asimismo, también ha nombrado a Rick Perry, ex-gobernador de Texas y candidato en 2012 a la nominación republicana para las presidenciales, como jefe del Departamento de Energía, una agencia que el mismo Perry abogaba por eliminar en su programa electoral.

Por otra parte, Trump ha apostado por personas con escasa o nula trayectoria política, pero con un currículum exitoso en el ámbito empresarial o militar. El más importante de ellos es Rex Tillerson, presidente de la petrolera Exxon Mobil, que será el encargado de la Secretaría de Estado. Su nombre se ha impuesto al de otros como Mitt Romney, Rudy Giuliani o David Petraeus, perfiles más ligados al establishment republicano tradicional.

Steven Mnuchin, director financiero de la campaña de Trump y ex-socio de Goldman Sachs, será el nuevo Secretario del Tesoro y Betsy DeVos, una activista adinerada del Partido Republicano de Michigan, tomará las riendas del área de educación. Ben Carson, neurocirujano que se dio a conocer públicamente al concurrir a las primarias republicanas, estará al frente del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano.

Trump ha nombrado también a dos generales retirados, James Mattis (conocido como “Perro Loco”) y John Kelly, para encabezar los departamentos de Defensa y de Seguridad Nacional, lo que, para algunos, pone en juego la separación entre el poder político y el mando militar.

En relación con el futuro equipo que escoltará a Trump durante su mandato resulta preciso mencionar que seis de sus nominados (o sus familiares) donaron casi 12 millones de dólares a la campaña de Trump o al partido republicano, según un análisis del Washington Post. Entre ellos destaca Linda McMahon, cofundadora de la franquicia de lucha libre WWE, que aportó 7,5 millones y ahora será la responsable de la agencia encargada del apoyo y financiación a las pequeñas empresas.

Hasta el momento Trump ha anunciado 22 nombramientos y quedan otros 667 cargos del Ejecutivo y de agencias gubernamentales por completar. Todos ellos requieren confirmación por parte del Senado, que sigue dominado por los republicanos con un estrecho margen. Es posible que Trump encuentre algunos problemas entre los republicanos más centristas para sacar adelante algunas de sus opciones, pero el magnate cuenta sin duda con el apoyo de la vertiente más conservadora del partido y, lo que es más importante, con la inercia y la fuerza política necesarias tras su sorprendente triunfo en noviembre, algo que ayudará a doblegar la opinión de aquellos compañeros de partido más reacios.

La forma en la que los nombramientos de Trump pasen por el Senado contribuirá a resolver una de las principales dudas que todavía existen sobre su presidencia: cómo será su relación con el Congreso. Trump tuvo en el pasado encontronazos con algunos representantes republicanos, y pese a que ahora todos los líderes se están esforzando por crear un frente común, está por ver cómo resolverán sus diferencias el presidente y los congresistas en los próximos años de legislatura.

Esta incertidumbre se suma a otras incógnitas relevantes que van a marcar el devenir de la presidencia de Trump. En primer lugar, ¿cómo reaccionará ante una crisis? La campaña electoral ha demostrado que el carácter de Trump es impredecible y se le ha acusado de no estar capacitado para ser presidente. Estas palabras se pondrán a prueba cuando Trump tenga que enfrentarse a las crisis que surjan una vez esté al mando del país.

En segundo lugar, y después de más de un mes de las elecciones, todavía no está claro su orden de prioridades para la agenda política de gobierno. Ha llegado el momento de poner negro sobre blanco la forma en la que Trump piensa hacer realidad su lema de campaña y volver a hacer grande a América (“Make American Great Again”). Sin embargo, no hay muchas pistas sobre por dónde pretende empezar ni si sus primeras medidas estarán referidas a Obamacare, inmigración, reforma fiscal, libre comercio, o a otro tema distinto.

Por último, resulta preciso saber cuánto le durará a Trump el capital político acumulado con su victoria electoral. Su éxito contra pronóstico le otorga un empuje y autoridad significativos, pero hay que tener en cuenta que Trump perdió el voto popular por un margen sustancial (casi tres millones de votos) y que empieza su mandato con un índice de aprobación del 41%, una cifra muy baja para un presidente entrante y que está muy lejos por ejemplo del 72% que tenía Obama en 2008.

En definitiva, Trump ya está conformando su equipo de colaboradores más cercanos, pero sigue habiendo incógnitas importantes, sobre todo relacionadas con la forma que él tendrá de desenvolverse como presidente. A partir del 20 de enero iremos obteniendo más respuestas.

Los tentáculos de Goldman Sachs

Elena Herrero-Beaumont, socia de Vinces, se pronuncia en La Vanguardia

Los tentáculos de Goldman Sachs

Elena Herrero-Beaumont, socia de Vinces, se pronuncia sobre el término “puertas giratorias” en La Vanguardia.



La VanguardiaEs cierto que las puertas giratorias pueden suponer algún conflicto de intereses. Cabe recordar que en 1994, Robert Rubin, exdirectivo de la entidad (Goldman Sachs), cuando fue nombrado secretario del Tesoro en EE.UU., envió una carta a los antiguos clientes del banco en la que decía textualmente: “espero seguir trabajando con usted desde mi nuevo puesto”.

“Yo creo que estas prácticas no son negativas. Tiene que haber talento en la administración pública procedente del mundo privado para que regule mejor el mundo de la empresa”, matiza Elena.

“Para ello, son necesarios periodos de incompatibilidad de dos años, además asegurarse de que las áreas de actividad no coincidan. También sería deseable que la persona se desprendiera de sus participaciones empresariales y que el órgano público no escogiera cargos sólo del mismo banco”, opina.

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¿Le tiene que hacer caso el Gobierno al Parlamento y el Parlamento al Gobierno?

Cuatro aclaraciones jurídicas para entender lo que está pasando

En estas últimas fechas se está produciendo un debate sobre si el Gobierno, que está en minoría, debe “obedecer” al Parlamento. Anteayer, en la sesión de control del Congreso de los Diputados, se produjo este diálogo:

– El diputado Pablo Iglesias preguntó: ¿Cómo piensa el Gobierno ejecutar las decisiones del poder legislativo?

– El Presidente del Gobierno respondió: Pensamos aplicar las que sean obligatorias

Desde el Departamento de Regulación de Vinces te damos las claves para entender este debate que va más allá de lo político y que tiene una fuerte repercusión jurídica

 

Primera aclaración: terminológica

En primer lugar, hay que distinguir las proposiciones NO de ley, de las proposiciones de ley. Las primeras, aunque las apruebe el Congreso de los Diputados, sea en el Pleno sea en una Comisión, no son jurídicamente vinculantes, sino instrumentos de orientación política.

Distinta es la cuestión en el caso de las proposiciones de ley, que es como se denomina cualquier iniciativa legislativa de origen no gubernamental.

Segunda aclaración: lo que puede hacer el Gobierno ante la iniciativa legislativa del Parlamento.

La tramitación de una proposición de ley puede encontrase con una importante barrera: el Gobierno se puede oponer a su tramitación si considera y motiva que supone un incremento de gasto o una disminución de ingresos. ¿por qué?

Desde el punto de vista formal porque el artículo 134.6 de la Constitución dice: Toda proposición o enmienda que suponga aumento de los créditos o disminución de los ingresos presupuestarios requerirá la conformidad del Gobierno para su tramitación.

De hecho, también desde el punto de vista formal, el Reglamento del Congreso dice en su artículo 126.2: “Ejercitada la iniciativa, la Mesa del Congreso ordenará la publicación de la proposición de ley y su remisión al Gobierno para que manifieste su criterio respecto a la toma en consideración, así como su conformidad o no a la tramitación si implicara aumento de los créditos o disminución de los ingresos presupuestarios”

Desde el punto de vista material, se trata de una facultad lógica, por cuanto permitir una iniciativa legislativa de esa naturaleza implicaría un subrepticio para modificar los Presupuestos Generales del Estado.

Tercera aclaración: y entonces ¿qué está pasando?

Teóricamente si el Gobierno se opone a la tramitación, la iniciativa se ve paralizada. Sin embargo, nos podemos encontrar con que el Congreso, y más concretamente su Mesa (en la que el Partido Popular está en minoría) no esté de acuerdo con la motivación del Gobierno y decida continuar con la tramitación. De hecho, ya lo ha hecho por ejemplo con la Proposición de ley sobre la suspensión del calendario de la implantación de la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa.

El Gobierno se opuso a su tramitación con base en un informe en el que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte cuantificaba en cerca de 615 millones de euros la pérdida de ingresos procedentes de fondos comunitarios y unas obligaciones de gasto no previstas de igual cuantía. La Mesa del Congreso rechazó esta oposición del Gobierno…y la iniciativa sigue su tramitación.

Cuarta aclaración y un poco de especulación: y entonces ¿qué va a pasar?

Aquí tenemos ya alguna certeza y muchos futuribles. La primera certeza es que el Gobierno ha seguido insistiendo. Para muestra un botón. El Consejo de Ministros, en su reunión de 18 de noviembre, ha solicitado de la Mesa del Congreso que reconsidere su decisión. La segunda certeza es que el Gobierno ya ha dicho que, en función de la respuesta del Congreso, podría darse inicio a un conflicto entre órganos constitucionales ante el Tribunal Constitucional. El futurible es que no sabemos todavía lo que en su caso decidirá el Tribunal Constitucional.

Conclusión

Estamos ante uno de los grandes debates de la Legislatura. ¿Supone esto que los partidos de la oposición, mediante la aprobación de leyes, van a poder gobernar desde el Parlamento? En la práctica, desde el punto de vista político es complejo; y desde el punto de vista jurídico…el debate está abierto.

Trump, el cambio que mira al pasado

La América más tradicional lleva al multimillonario a la Casa Blanca

 

Contra todo pronóstico, Trump será el próximo presidente de los Estados Unidos. Su victoria ha sido clara y rotunda, adjudicándose prácticamente todos los estados disputados y, entre ellos, los más importantes como Florida, Pennsylvania, Ohio, Georgia y Carolina del Norte. Este escenario no había sido previsto ni por el más optimista de los republicanos, ya que los modelos predictivos del propio partido daban a Trump como perdedor en los días  previos a la votación.

El triunfo de Trump rompe con todas las reglas políticas establecidas. Analizando el desarrollo de la campaña, el candidato republicano tenía todas las variables en su contra. Primero, las encuestas, que mostraban a Clinton en cabeza, lo que podía llevar a algunos republicanos a quedarse en casa creyendo que no había nada que hacer. Segundo, el dinero, donde el comité de campaña de Clinton había recaudado más del doble que su oponente (500 millones frente a 250 millones de dólares). Tercero, el partido, puesto que Trump se ha encontrado con algunas voces críticas en el seno de su organización que hacían dudar de su liderazgo. Cuarto, el apoyo mediático, ya que solo uno de los 50 mayores periódicos de tirada nacional había respaldado a Trump. Quinto, la campaña televisiva, ya que Clinton ha gastado mucho más que Trump en la emisión de anuncios publicitarios en todos los estados clave. Y sexto, el despliegue de equipos en el terreno, puesto que las personas empleadas por la campaña de Clinton y el partido demócrata en los quince estados clave triplicaban en número a los del bando republicano (más de 5.000 empleados frente a 1.500).

A la luz de estos factores, las expectativas de Trump eran poco halagüeñas. Pero entonces, ¿cuáles son las causas de este vuelco tan drástico? Primero, la autenticidad de Donald Trump, que ha generado una fuerte identificación personal entre ciertos segmentos demográficos (la población rural y la clase blanca trabajadora) con su figura y que nadie había sido capaz de ponderar en justa medida. Y segundo, una falta de entusiasmo hacia Hillary Clinton que ha provocado una menor movilización de colectivos tradicionalmente demócratas, especialmente el voto femenino y de las minorías raciales.

Con salidas de tono y excentricidades incluidas, Trump ha conseguido hablar el idioma de la gente y personificar el cambio que da respuesta al descontento con el statu quo. Durante la carrera, Trump ha querido controlar en todo momento su mensaje, pasando por tres directores de campaña diferentes hasta que consiguió un equipo que le animaba a ser él mismo. Dejó a un lado la corrección política y las estrategias clásicas de campaña y se dirigió directamente al americano medio con un mensaje claro y pragmático: Trump se ha presentado como el precursor del cambio, la persona que iba a devolver la grandeza al país (Make America Great Again) recuperando los valores tradicionales de la sociedad americana, “limpiando la ciénaga” de Washington y poniendo de nuevo las instituciones al servicio de la gente.

Trump ha desafiado a las elites y se ha ganado al ciudadano medio. Un ciudadano medio que sigue formando parte de la clase trabajadora de raza blanca, y que siente miedo con respecto al terrorismo, la inmigración y la globalización, como fenómenos que están poniendo en peligro su modelo de sociedad, que han mermado su nivel adquisitivo y que han modificado su  estilo de vida. Trump ha logrado conectar con estos votantes de tú a tú, gracias a su naturalidad y sinceridad, manteniendo la base de votantes republicanos y capitalizando el voto de la frustración y del desafecto con la política.

Si a lo anterior le sumamos la incapacidad de Hillary de movilizar de forma efectiva a sus electores, el éxito de Trump adquiere aún más sentido. El apoyo de Clinton entre los hispanos ha sido solo del 65%, en comparación con el 71% que obtuvo Obama en 2012; y entre los votantes afroamericanos el respaldo ha caído del 93% al 88%. Por otro lado, entre las mujeres, un colectivo clave para Clinton, el 54% ha votado por ella, un punto menos de las que lo hicieron por Obama en los anteriores comicios.

Pasadas las elecciones, Trump tiene ante sí el reto de gobernar para todos los americanos, unificando el país después de una campaña presidencial dura y desagradable, tal y como él mismo manifestó en su discurso de celebración. No va a ser una tarea fácil, pues los retos que tiene por delante son inmensos y sus promesas, muy ambiciosas. En todo caso, ¿quiere Trump devolver la grandeza a su país con una política nostálgica inspirada en tiempos pasados o, por el contrario, va a implementar una política constructiva que engrandezca a Estados Unidos a través de su liderazgo frente a los desafíos del futuro? Después del 20 de enero, cuando Trump tome posesión del cargo, sabremos la respuesta y podremos juzgarlo por sus hechos y no solo por sus palabras.

La estructura del nuevo Gobierno

6 claves para entender el nuevo gobierno

Mariano Rajoy, investido Presidente del Gobierno este fin de semana, ha hecho público su Gobierno tras reunirse con el Rey.

Desde Vinces te damos los datos básicos de este nuevo Gobierno, así como su impacto en la presente Legislatura.

1. Estructura Ministerial

El nuevo Gobierno cuenta con 1 vicepresidencia y 12 ministerios, lo que supone el mismo número de ministerios que en el gobierno anterior.

La estructura es muy similar a la actualmente existente, con mínimos cambios

2. Ministros 

Es un Gobierno relativamente continuista por cuanto repiten la Vicepresidenta y 6 ministros. Hay 6 nuevos ministros (en negrita)

Vicepresidencia, Presidencia y para las Administraciones Territoriales, Soraya Sáenz de Santamaría

Asuntos Exteriores y de Cooperación, Alfonso Dastis

Justicia, Rafael Catalá

Fomento, Iñigo de la Serna

Defensa, María Dolores de Cospedal

Hacienda y Función Pública, Cristobal Montoro

Interior, Juan Ignacio Zoido

Educación, Cultura y Deporte (y portavoz del Gobierno), Iñigo Méndez de Vigo

Empleo y Seguridad Social, Fátima Bañez

Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Dolors Monserrat

Agricultura, Pesca y Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina

Economía, Industria y Competitividad, Luis de Guindos

Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal

3. Edad

Es un gobierno relativamente joven, por cuanto seis Ministros están por debajo de los 50 años.

4. Género 

El número de mujeres en el gobierno es de cinco, una más que en el gobierno de 2011.

5. Afiliación Política

Hay dos Ministros independientes que no están afiliados al Partido Popular: el Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación y el Ministro de Economía, Industria y Competitividad.

6. Escaños en el Congreso 

De los ministros nombrados, 10 son diputados (incluyendo a la Vicepresidenta), aunque es posible que algunos renuncien a su acta de diputados por lo ajustado de las votaciones en el parlamento.

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¿Se puede gobernar desde el Parlamento?

Las proposiciones de ley son la pieza clave

El pasado sábado 29 de octubre el Sr. Rajoy obtuvo la confianza de la Cámara y resultó elegido Presidente del Gobierno. Sin perjuicio del apoyo recibido por parte del Partido Ciudadanos y de la Diputada de Coalición Canaria, lo cierto es que comienza un camino complejo con un apoyo garantizado de tan solo 137 diputados. Esta situación, inédita en nuestra democracia, ha puesto encima de la mesa la posibilidad o no de que se gobierne desde el Parlamento.

Se trata de una terminología que encierra una cierta paradoja, por cuanto la dirección de la política le corresponde al Gobierno propiamente dicho. Sin embargo, el Parlamento y el particular juego de mayorías con el que nos encontramos hacen que la pregunta sea pertinente. De hecho, algunas votaciones e iniciativas ya se han tramitado con derrota del Grupo parlamentario que apoya al Gobierno, fruto del acuerdo de varios partidos de la oposición. ¿Supone esto que los partidos de la oposición, mediante la aprobación de leyes, van a poder gobernar desde el Parlamento? En teoría sí, en la práctica es mucho más complejo.

Decimos que en teoría sí porque el sistema parlamentario está basado en la decisión de la mayoría en detrimento de las minorías. En la práctica, ponerse de acuerdo para medidas de impulso político (proposiciones no de ley, mociones consecuencia de interpelación…) es mucho más sencillo que ponerse de acuerdo para impulsar medidas legislativas. No obstante, no podemos descartar que esto vaya ocurrir.

¿Cuál es el instrumento para canalizar este gobierno desde el Parlamento? Las proposiciones de ley. Se trata de iniciativas legislativas de origen no gubernamental. Sin embargo, estas se pueden encontrar con una barrera, desconocida para el gran público, derivada de una facultad de la que dispone el Gobierno. Este tiene la posibilidad de oponerse a cualquier iniciativa de origen parlamentario que suponga un incremento de gasto o una disminución de ingresos. Se trata de una facultad lógica, por cuanto permitir una iniciativa legislativa de esa naturaleza implicaría un subrepticio para modificar los Presupuestos Generales del Estado.

Habrá que estar muy atentos a cuál es el devenir de esas iniciativas cuando el Gobierno haga uso de esa arma de la que le dota el texto constitucional y el Reglamento del Congreso de los Diputados. Si el Gobierno se opone a la tramitación, la iniciativa se ve paralizada. Sin embargo, nos podemos encontrar con que la Cámara no esté de acuerdo con la motivación del Gobierno y decida continuar con la tramitación. Si esto sucede, estaremos avocados, quizá, a un nuevo conflicto entre ambos poderes.

Si consideramos, como algún autor ha dicho, que gobernar es legislar, el grado de utilización que haga el Gobierno de esta facultad, junto con la postura que adopte el Congreso de los Diputados, nos darán la respuesta positiva o negativa a la pregunta que nos hemos planteado. En definitiva, sabremos si el Parlamento está gobernando o no.

Entrevista a Daniel Innerarity

Elena Herrero-Beaumont entrevista al filósofo vasco

(Publicado en Ethic 26 2016. Fotos de Juantxo Egaña)

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Es filósofo de vocación y político de experimento. Daniel Innerarity (Bilbao, 1959) es una rara avis intelectual que nos está ayudando a interpretar mejor el caos de una sociedad «exasperada», como la califica él, y también a entender un entorno político donde emergen nuevos ejes más allá de la izquierda y la derecha. Nos recibe en el corazón de la Parte Vieja de Donostia.

Dices que uno de los problemas de nuestro sistema político es que ponemos mucho el foco en el candidato y en las campañas, y poco en el gobierno y en la gestión.

Hay una ruptura entre tecnocracia y populismo más radical en nuestra cultura política que la ruptura entre derechas e izquierdas. Los partidos se van a posicionar como por ejemplo en Italia, donde hay dos partidos populistas y dos partidos tecnócratas, y dos de derechas y dos de izquierdas. Dicho esto, la promesa tecnocrática era creíble antes, ahora no. Desde el punto de vista de los resultados, este Gobierno no puede ofrecer un balance muy bueno…

¿Cómo crees que ha gestionado el Ministerio de Economía la relación con los mercados?

A mí, el lenguaje guíndico me resulta incomprensible, por no decir insultante. Me parece una falta de respeto total a la gente. En estos momentos no puedes hacer una política económica que la gente no entienda. La política económica la tienen que entender los mercados y también las personas. Que la aceptación de Europa sea tan baja se debe, en buena medida, a que Europa está resultando incomprensible para la gente. Y está resultando incomprensible porque delegamos todas aquellas cuestiones que nuestra democracia electoral no permite si no queremos darnos una bofetada en las elecciones. En el fondo, es una cosa muy típica de este país, la desresponsabilización. En Euskadi tenemos un sistema fiscal propio que implica una asunción de responsabilidad.

¿Cómo un hombre como tú, que habla de la heterogeneidad y del bien del otro, puede ser nacionalista?

Si por nacionalismo entendemos espacios autárquicos, insolidarios, xenófobos, homogeneidad cultural y política, yo no comparto ese punto de vista. Defiendo un nacionalismo cívico, una identificación con una comunidad en la cual están antes las personas que las naciones. Hay mucha gente que cree que no es nacionalista y lo es. La gente más nacionalista que he conocido en mi vida han sido los antinacionalistas. Esa gente furibunda detrás de la cual percibes una obsesión por la identidad, una irritación con los temas de identidad. La pertenencia nacional hay que secularizarla.

Si no es tan importante la nación, sino la persona, ¿por qué proteger a la nación?

Porque una nación puede ser una experiencia de solidaridad especialmente intensa. Decía un político alemán que, para él, Baviera era su identificación emocional, Alemania su identificación en términos de solidaridad y Europa su identificación en términos democráticos.

¿Por qué tanta identificación con el nacionalismo existiendo tantos otros problemas?

Sí, estamos dedicándole demasiado esfuerzo y energía. Pero, a la vez, la nación es el lugar al que vuelves, son tus raíces… Ha habido nacionalismos en la historia que han sido muy integradores y han construido ámbitos de solidaridad. La palabra ‘nacionalismo’ es una palabra neutra.

En España no creo que sea una palabra neutra…

Sí… Hay nacionalismos cívicos y hay nacionalismos agresivos. Hay nacionalismos que han luchado por la democracia en este país.

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¿Crees que es la ejemplaridad de los líderes la que verdaderamente inspira a un sistema democrático?

Hay dos obsesiones en la cultura contemporánea que nos impiden avanzar. Hay una obsesión con la moral a costa de lo cognitivo, y hay una obsesión con el elemento individual a costa de lo organizativo. Si confiamos demasiado en el liderazgo individual, probablemente estemos dejando un espacio para el mal liderazgo individual. El sistema político tiene en la cumbre a los políticos, que están en permanente choque con los funcionarios. ¿Para que sirven los políticos? Para superar el conservadurismo de los funcionarios. ¿Para que sirven los funcionarios? Para superar la frivolidad de los políticos. En ese choque, en esa fricción, ganamos todos. Me parece que lo que hay que hacer es poner sistemas de compensación anticíclica, que no hemos sido capaces de crear. Pero es que, además, hay demasiado acercamiento moral hacia la realidad y enseguida buscamos un culpable, imputamos una responsabilidad, pensamos que hay buenos o malos, cuando la mayor parte de nuestros problemas se deben a que hay una ignorancia sistémica. Para eso hace falta una gran movilización cognitiva de la sociedad. En este escenario de inteligencia distribuida hace falta poner a mucha gente a trabajar porque, además, se da la circunstancia de que no necesariamente el que más poder tiene es el que más sabe. Saber o no saber, esa es la cuestión. Mejoremos individual y sobre todo colectivamente nuestra relación cognitiva con la realidad.

Los gobernados en muchos casos tienen más información que los que gobiernan. ¿Qué opinas de los ‘lobbies’? ¿De la interacción entre lo público y lo privado? ¿Qué es interés privado y qué es interés general?

Los lobbies son las empresas farmacéuticas, por ejemplo, pero Cáritas también lo es. Se está produciendo un fenómeno de autoorganización de la sociedad al margen del sistema político que está haciendo obsoletos e ineficaces los sistemas de ‘ordeno y mando’ de la jerarquía estatal. Se están autoorganizando los empresarios, pero también los anarquistas de la CUP. O los gobiernos son capaces de favorecer esa autoorganización y dirigirla de una manera que sea equilibrada o chocarán con la resistencia de la sociedad. No es una tesis neoliberal, que no soy neoliberal, ni tampoco anarquista. Sino que creo que ha aparecido un nuevo eje de identificación en nuestra sociedad contemporánea: queremos organizarnos a nosotros mismos. Y no toleramos sistemas jerárquicos de decisión. La idea de apretar un botón y hacer un decreto ley no está a la altura de la complejidad de la sociedad. Un gobernante tiene una responsabilidad sobre el conjunto de la sociedad. ¿Cómo articulas esa idea de implicar a la gente y al mismo tiempo no dejar la decisión en manos privadas? La única manera es favorecer a la sociedad la reflexión sobre sí misma.

Eso es utópico.

Es utópico, pero es fantástico. Si yo quiero regular el mundo financiero y el mundo del deporte, tengo que lograr que ambos colaboren conmigo en la tarea de la regulación y entiendan que ellos mismos están generando riesgos… Dominique Strauss-Kahn decía que cuando estaba en el FMI había altos directivos de Wall Street que le decían: «Por favor, contrólenos» (siempre me he acordado de que a él podrían haberle controlado también un poco…). Los seres humanos necesitamos sistemas que nos impidan hacer lo que queremos. Suena muy bruto, pero es así. Sistemas que me ayuden a ver que hay ciertos riesgos que pueden ser autodestructivos.

¿Está la ciudadanía española preparada para escuchar este mensaje de autogobierno? No tenemos esa cultura en absoluto.

Seguramente no. Yo creo que la experiencia política fundamental es la impotencia, la dificultad de mover algo. Tenemos una limitación cognitiva, nuestros sistemas políticos saben muy poco para lo que tienen que hacer; tenemos una limitación en relación con el poder (el poder de «yo te mando a ti» es un recurso muy pobre de gobierno y tiene un recorrido muy pequeño); tenemos una limitación de dinero.

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¿Qué opinión tienes de los medios de comunicación en España?

Los medios de comunicación son más necesarios que nunca en la actual situación, en la que necesitamos reducciones significativas de la complejidad. Es una ilusión pensar que la ciudadanía pueda hacerse una idea de lo que está pasando, tomar decisiones, eso no puede alcanzarse sin la colaboración de los medios. Y yo creo que en estos momentos los medios están dedicados al detalle escabroso, a la anécdota, están construyendo un régimen de negatividad. Por poner un ejemplo: hay pocos análisis buenos, al menos yo nos los conozco, de cuáles fueron las circunstancias que nos llevaron al rescate bancario en España, que nos costó un dineral y que lo estamos pagando. Y en cambio lo sabemos todo acerca del uso de las tarjetas black. Estamos convirtiendo la política en un espectáculo en el cual nosotros, los ciudadanos, nos estamos convirtiendo en mirones, facilitado por los medios de comunicación. Es una democracia ocular, donde somos losvoyeurs de un espectáculo que nos cabrea y nos indigna. De ahí mi cierta resistencia a darle demasiada importancia a la transparencia. La transparencia como obsesión y como única categoría de democratización se adapta bastante bien a este tipo de democracia que en el fondo es una democracia de poca calidad y que nos coloca a nosotros mismos en espectadores que estamos contemplando un espectáculo.

Por defecto hemos asumido que los sistemas son corruptos, de ahí la necesidad de ser transparentes.

¿Tenemos un problema: que los políticos nos estén ocultando algo cuyo desvelamiento aclararía todo lo que nos está pasando? ¿O más bien tenemos un problema de confusión colectiva? Ha pasado lo primero; vamos camino de corregirlo, pero lo segundo es una batalla que estamos librando más a largo plazo, es una batalla de construcción de la voluntad política, más complicada. Los sistemas de decisión necesitan espacios discretos. ¿Cómo han reaccionado los políticos al mundo de la transparencia? No diciendo nada, acartonando su discurso. Es un discurso hueco y banal.

Con la irrupción de los nuevos partidos, ¿crees que estamos en la transición hacia un modelo mejor?

Hay todavía ciertas estrategias que aspiran a una reedición del bipartidismo con otros actores. No nos creemos la diversidad interior, ideológica, nacional, cultural, religiosa sexual, lingüística… Mientras no sintamos como propia la diferencia del otro, no estaremos avanzando realmente nada en términos de unidad. Porque la unidad va a ser a través del reconocimiento de la diferencia. Y la represión de la diferencia no construye nada positivo.

Así que no crees que se vaya a consolidar un sistema multipartidista en España.

Podría ser… No digo que no. Hay mucho fenómeno de burbuja, pero vamos a pasar unos años con más actores políticos, más equilibrados entre sí, teniendo que hacer operaciones más sutiles, yo creo que eso es indudable.

¿Qué opinas de la Ley de Educación que se aprobó en la pasada legislatura y cómo aspirar a educar a los jóvenes del futuro?

La sociedad en que vivimos y su complejidad requiere que se institucionalice la inteligencia colectiva, que lo que todos nos preguntamos de vez en cuando, a altas horas de la madrugada después de haber bebido un poco, por el sentido de la vida, del amor, de la belleza… lo haga gente de manera sistemática. Eso lo hacen los filósofos y otras muchas profesiones. Pero se ha impuesto una lógica del beneficio, de la rapidez, de la performance, que ha estigmatizado la reflexión como una pérdida de tiempo. La utilidad de lo inútil.

Medios de comunicación privados y elecciones

Los cuatro principios básicos

Esta noche, a las 21 horas, va a tener lugar, organizado por la Academia de la Televisión, el único debate durante esta campaña electoral entre los cuatro líderes de las cuatro principales fuerzas políticas en España. Con esta ocasión, resulta conveniente recordar las reglas básicas a las que están sometidos los medios de comunicación durante el periodo electoral. En particular nos vamos a entrar en los medios de comunicación de titularidad privada.

Sin perjuicio de otras normas como las referidas a la publicidad electoral, el precepto básico en esta cuestión es el artículo 66 de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General. Este contempla cuatro principios básicos que se han de respetar: pluralismo, igualdad, proporcionalidad y neutralidad informativa. En concreto el referido precepto, en su apartado 2, dice: “Durante el periodo electoral las emisoras de titularidad privada deberán respetar los principios de pluralismo e igualdad. Asimismo, en dicho periodo, las televisiones privadas deberán respetar también los principios de proporcionalidad y neutralidad informativa en los debates y entrevistas electorales así como en la información relativa a la campaña electoral de acuerdo a las Instrucciones que, a tal efecto, elabore la Junta Electoral competente”. Cabe mencionar que este apartado fue introducido en una reforma en el año 2011, en gran medida como consecuencia de la reforma de la Ley General de la Comunicación Audiovisual que generalizó la televisión digital.

  • Primera regla: el tratamiento de los medios de comunicación públicos y de los medios de comunicación privados ha de estar diferenciado, por cuanto el mandato de proporcionalidad y neutralidad informativa debe cohonestarse con el derecho a la libertad de expresión y difusión de ideas y opiniones y el derecho a comunicar y recibir libremente información veraz (art. 20 de la Constitución), así como con la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado (art. 38 de la Constitución).
  • Segunda regla: se diferencia a las radios y a las televisiones. Así, los órganos de dirección de ambos deben garantizar el respeto a los principios de pluralismo e igualdad. Por su parte las televisiones privadas, durante el periodo electoral, deberán respetar también los principios de proporcionalidad y neutralidad informativa en los debates y entrevistas electorales, así como en la información relativa a la campaña electoral que decidan realizar.
  • Tercera regla: el principio de proporcionalidad es la clave. La Instrucción 4/2011, de 24 de marzo, de la Junta Electoral Central, nos dice que se entiende este principio en el sentido de que se deberá atender preferentemente a los resultados obtenidos por cada formación política en las últimas elecciones equivalentes, sin que dicho criterio impida proporcionar otra información sobre aquellas candidaturas que no se presentaron o no obtuvieron representación en las últimas elecciones, si bien es cierto que estas no podrán recibir una cobertura informativa mayor que las formaciones políticas que obtuvieron representación en las últimas elecciones.
  • Cuarta regla: corresponde a los órganos de dirección de las televisiones privadas decidir libremente sobre la oportunidad de organizar o difundir entrevistas o debates electorales, pero de hacerlo deberán tener particularmente en cuenta los resultados obtenidos por cada formación política en las últimas elecciones equivalentes. Ahora bien, en caso de que un medio decida emitir un debate entre los dos candidatos que obtuvieron mayor número de votos en las últimas elecciones equivalentes, deberá emitir otros debates bilaterales o plurilaterales, o proporcionar información compensatoria suficiente sobre los demás candidatos que también hayan conseguido representación en las últimas elecciones equivalentes.

 

Os recomendamos también el análisis que David Córdova, socio de Vinces ha realizado sobre el Debate A 4 del pasado 13 de junio con el que arrancaba la campaña electoral.

Fechas ante unas nuevas Elecciones Generales #26J

El 2 de marzo empiezan a correr los tiempos constitucionales

Y si hay nuevas elecciones… ¿Cuál sería el calendario? El pasado miércoles 2 de marzo tuvo lugar la primera votación de investidura del candidato a la Presidencia del Gobierno. Al margen de las consideraciones políticas, esa fecha supone el punto de partida para que comiencen a correr los tiempos constitucionales y, en su caso, electorales.

Esa fecha conlleva en primer lugar la determinación de la fecha límite para que se pueda investir al Presidente del Gobierno. En virtud de lo previsto en el artículo 99.5 de la Constitución, si el lunes 2 de mayo el Congreso de los Diputados no ha otorgado su confianza a ningún candidato, el Rey disolverá ambas Cámaras (sí, el Senado también) y convocará nuevas elecciones. A diferencia de los decretos de convocatoria de las elecciones tradicionales, que van acompañados del refrendo del Presidente del Gobierno, en este caso, en virtud de la citada disposición constitucional, iría con el refrendo del Presidente del Congreso.

La publicación de la convocatoria tendrá lugar el martes 3 de mayo y a partir de ahí entran en aplicación las previsiones de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral (LOREG). En virtud de la misma, las nuevas candidaturas que se presenten a ambas Cámaras deberán presentarse entre el 18 y el 23 de mayo (art. 45 LOREG) y se publicarán en el Boletín Oficial del Estado el 25 de mayo (art. 47 LOREG).

Lógicamente España volverá a vivir una campaña electoral, es decir, el conjunto de actividades licitas llevadas a cabo por los candidatos, partidos, federaciones, coaliciones o agrupaciones en orden a la captación de sufragios. Desde el punto de vista temporal, la campaña tendrá lugar entre las cero horas del viernes 10 de junio y las veinticuatro horas del viernes 24 de junio (art. 51 LOREG).

Sí, también contaremos con un más que previsible aluvión de encuestas electorales, aunque estas podrán hacerse públicas solamente hasta el lunes 20 de junio (art. 69 LOREG). A partir de ese momento solamente podremos disponer de las encuestas que nos faciliten los medios de comunicación…desde Andorra.

Llegará el día que la legislación nos regala para que pensemos nuestro voto: la jornada de reflexión, que tendrá lugar el sábado 25 de junio y entre las 9 y las 20 horas del domingo 26 de junio, tendrá lugar una nueva votación.

Así, el día 19 de julio de 2016 tendrán lugar a las 10 de la mañana las sesiones constitutivas del Congreso de los Diputados y del Senado. En esas sesiones se elegirán a los miembros de las Mesas de ambas cámaras, incluyendo sus respectivos presidentes.

Posteriormente tendrá lugar la ronda de consultas de S.M. El Rey con los representantes de los diferentes Grupos Políticos y, en su caso, investidura del nuevo Presidente del Gobierno.

Fechas ante unas posibles elecciones

Te contamos cómo es una sesión de investidura

El debate, la votación, los plazos…

A día de hoy se tiene conocimiento de que, tras una segunda ronda de consultas con los grupos políticos con representación parlamentaria, S.M. El Rey ha propuesto, a través del Presidente del Congreso de los Diputados, un candidato a la Presidencia del Gobierno. En concreto a Pedro Sánchez, Secretario General del Partido Socialista Obrero Español y cabeza de lista de esta formación en Madrid. En los medios de comunicación, y en uso de la potestad que le otorga el Reglamento del Congreso en su artículo 170, el Presidente del Congreso ha anunciado la convocatoria de la sesión plenaria en la que tendrá lugar el debate de investidura para el próximo martes 1 de marzo.

¿Y cómo discurre la sesión de investidura? Siguiendo lo previsto en el artículo 171 del Reglamento del Congreso, comienza formalmente con la lectura por la Secretaria Primera del Congreso (en este caso la Sra. Sánchez-Camacho, del Partido Popular) de la propuesta de candidato a la Presidencia del Gobierno. A continuación interviene, sin límite de tiempo, el candidato a la Presidencia del Gobierno para exponer el programa político del Gobierno que pretende formar y solicitar la confianza de la Cámara. Tras un tiempo de interrupción que determina el Presidente del Congreso, intervienen los representantes de los Grupos parlamentarios, de mayor a menor, por un tiempo de treinta minutos cada uno, sin perjuicio de que suele ser práctica habitual que cuando un Grupo parlamentario está compuesto por representantes de diferentes fuerzas políticas, caso por ejemplo del Grupo Mixto, se dividan el tiempo de que disponen. También es práctica habitual que el último Grupo parlamentario en intervenir en el debate es aquel al que pertenece el propio candidato.

El Reglamento, a su vez, dispone que el candidato a Presidente del Gobierno puede ir respondiendo a cada Grupo parlamentario –que es la práctica habitual– o bien puede hacerlo globalmente al final. También están previstos los turnos de réplica por parte de los Grupos parlamentarios, y de dúplica por parte del candidato presidenciable. E incluso, cabe añadir que, dentro de los usos y costumbres parlamentarios, no es infrecuente que se conceda un tercer turno a cada Grupo parlamentario y la consiguiente posibilidad de respuesta por parte del candidato a Presidente del Gobierno. En definitiva, nos encontramos con una sesión que suele prolongarse en el tiempo. A título de ejemplo, en la última ocasión, en diciembre de 2011, la sesión comenzó a las doce de la mañana, se interrumpió al mediodía, continúo a las cuatro de la tarde, se interrumpió de nuevo pasadas las diez de la noche, se retomó al día siguiente a las nueve de la mañana y concluyó el debate pasadas las doce de la mañana.

Y cuando termina el debate, ¿cómo se vota? El sistema de votación es público por llamamiento. Este sistema supone que los Secretarios de la Mesa del Congreso van llamando a los Diputados por orden alfabético (con la excepción de los miembros del Gobierno en funciones que sean Diputados y los miembros de la Mesa del Congreso, que votan al final) y estos responden desde sus escaños “sí”, “no” o “abstención”. Si el candidato del Partido Socialista obtiene el día 2 de marzo 176 votos a favor (la mayoría absoluta del Congreso) se entenderá otorgada la confianza de la Cámara.

¿Y qué ocurre si el miércoles 2 de marzo Pedro Sánchez no consigue 176 votos a favor? Entonces se llevaría a cabo una nueva votación, en principio prevista para el sábado 5 de marzo, con una importante diferencia: bastaría la mayoría simple. ¿Qué es la mayoría simple? Muy sencillo: que haya más síes que noes.

¿Y sí tampoco el sábado 5 de marzo obtiene la mayoría simple? Entonces cabrá la posibilidad de que se realicen nuevas sesiones de investidura –del mismo o de distinto candidato en función de las consultas– con el mismo procedimiento. ¿Hasta cuándo? El límite sería el lunes 2 de mayo. Si ese día ningún candidato ha obtenido la confianza del Congreso de los Diputados, el Presidente del Congreso sometería a la firma del Rey el Decreto de disolución de las Cortes Generales y de convocatoria de elecciones, y lo comunicaría al Presidente del Senado. Entonces, y con base en la normativa electoral, tendríamos nuevas elecciones el domingo 26 de junio….