INFLUENCIA LEGÍTIMA

Entrevista a Joseph Stiglitz

Elena Herrero-Beaumont entrevista a Joseph Stiglitz para Ethic

Entrevista a Joseph Stiglitz

Elena Herrero-Beaumont, Consejera Editorial de Ethic y Socia de Vinces, entrevista al Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz para la revista Ethic.


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Stiglitz es uno de los detractores más sobresalientes del fundamentalismo de mercado, al afirmar que «los mercados no solo no conducen a la justicia social, sino que ni siquiera conducen a resultados eficientes». Es uno de los economistas que más ha escrito sobre las causas de la desigualdad.

Es por ello que a Stiglitz le adoran en la izquierda y le repudian en la derecha. Con este último libro, sin embargo, se ha ganado la enemistad también de la izquierda. Y es que el euro es un terreno delicado para la mayor parte del establishment español y europeo con independencia de la ideología. En general, ha sido el libro más criticado de Stiglitz, porque, aunque algunos coincidan con el diagnóstico, la solución, argumentan, es casi inviable.

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Hablemos de desigualdad

Ethic celebra su 5º Aniversario

 

Hablemos de desigualdad

Elena Herrero-Beaumont, Consejera Editorial de Ethic y Socia de Vinces, modera el debate sobre el déficit de igualdad desde un punto de vista ético, económico, filosófico y educacional.


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Emilio Ontiveros, Adela Cortina, Ignacio Torreblanca y José Antonio Marina exponen sus puntos de vista sobre la problemática más actual.

Ethic celebra su quinto aniversario debatiendo sobre un tema clave: el déficit de igualdad desde un punto de vista ético, económico, filosófico y educacional. José Antonio Marina, Emilio Ontiveros, Adela Cortina y José Ignacio Torreblanca analizaron la problemática más actual en el debate organizado por esta revista.

En estos cinco años, Ethic ha contado muchas cosas. Pero hay un tema troncal que sobrevuela, cuando no incide en profundidad, en cada uno de sus artículos, reportajes, entrevistas y columnas de opinión: la igualdad de oportunidades. No como un hecho -tristemente-, sino como un objetivo, necesario, a alcanzar. Esta es la línea editorial que define a la revista. El camino hacia un mundo sostenible pasa, necesariamente, por desterrar desigualdades.

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5º Aniversario de Ethic

30/11/2016

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V Aniversario de Ethic

Como colaboradores de la revista Ethic, donde nuestra socia Elena Herrero-Beaumont es consejera editorial, os invitamos a su 5º aniversario



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Españoles Embriagados de Transparencia

La corrupción no solo se combate con transparencia. El reto es mucho mayor.

(Publicado en el especial de ETHIC- Marcas con Valores, septiembre 2016)

“La corrupción se siente, pero no preocupa en exceso.” Este es un titular de Cinco Días de mayo de 2007. El artículo se hacía eco de los resultados del Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, donde España había quedado por debajo de su 7 habitual como consecuencia de los escándalos urbanísticos que comenzaron a dejarse ver aquel año previo al estallido de la crisis financiera. Pero en aquella época de “vacas gordas” los temas de corrupción parecían importar bastante poco a los españoles. “Sólo un 2% los cita cuando se le pregunta por los problemas más graves de España,” explicaba el periodista.  Otro de los detalles del artículo que llaman la atención es la referencia que el periodista hacía a la falta de políticas anticorrupción en el IBEX-35. Una situación calificada por la propia Transparencia Internacional como de “deprimente.” Por aquel entonces, señalaba el artículo, en países como Estados Unidos o Reino Unido, un 90 por ciento de las 500 mayores empresas gozaban de códigos de conducta contra la corrupción.

Casi una década ha pasado desde entonces. Y en este tiempo, los españoles hemos sido testigos del desmoronamiento de todo aquello que nos ofrecía una cierta garantía de estabilidad. El libre mercado nos azotó de lleno con una crisis financiera sin precedentes, que se llevó consigo parte del estado de bienestar, y con él esa sensación de seguridad y de progreso con la que nos habíamos acostumbrado a vivir, sobre todo en las décadas de los 80, los 90 y los primeros cinco años del siglo XXI. Mientras la crisis hacía sus estragos, se precipitaba un trasvase de riqueza hacia las economías emergentes. Nos quedamos en calzones, como dicen a veces. Y entonces los españoles sufrientes ante un presente de despidos, desahucios y desempleo, un presente desprovisto de esa riqueza mal gestionada que nos había cegado hasta la fecha, comenzamos a prestar más atención a la corrupción de empresarios y políticos. Los españoles comenzamos a protestar ante la opacidad. Queríamos ver qué se había hecho con ese conjunto de promesas de prosperidad disueltas. Comenzamos a demandar transparencia.

Como muestra el gráfico de más abajo, el número de artículos sobre transparencia en los titulares de los principales medios de comunicación de nuestro país ha registrado un aumento de casi el 60 por ciento entre el 2007 y el 2015. Y el número de artículos donde se asocia el fenómeno de la transparencia a corrupción se ha disparado casi un 80 por ciento en el mismo periodo.

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Más abajo recogemos la evolución del volumen de temas ligados a la transparencia en artículos de prensa entre el año 2007 y el año 2015. El tema de la corrupción se ha convertido en un tema mucho más predominante a la hora de hablar de transparencia. Ha pasado de estar a la cola de los temas prevalentes cuando la prensa hablaba de transparencia en el 2007 a la cabeza de los mismos en 2015.

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Estos datos son prueba de cómo a lo largo de este periodo de tiempo hemos sido testigos de la gestación y evolución de una cultura de transparencia ligada a combatir la corrupción que muchos no creían posible en España en la época previa a la crisis. Hemos presenciado un debate abierto en materia de transparencia que culminó con la aprobación de la Ley de 2013; un debate donde predominaron los conceptos de “lobbies” y “puertas giratorias”, que progresivamente se han convertido en parte de nuestro acervo público. Hemos visto cómo la CNMV impulsaba todo un conjunto de reformas en materia de gobierno corporativo que exigían al Ibex-35 publicar aspectos otrora inéditos ad infinitum. Hemos escuchado a perfiles como el de Elvira Rodríguez, la presidenta de la CNMV, decir en foros públicos “creemos en la potencia preventiva de la transparencia.”

Pero la gran cuestión ahora es qué hacer con toda esta transparencia. Nos debemos preguntar hacia donde nos está llevando esta cultura de “sobretransparencia”. Para algunos filósofos y visionarios actuales, la transparencia es necesaria en equilibrio, pero no suficiente. Necesitamos más madurez social para construir algo bueno a partir de toda esta desnudez. La transparencia no puede ser un sustituto del comportamiento ético genuino, de unos valores o una moral que nos conducirían a hacer las cosas bien aun cuando nadie nos estuviera mirando. Aquí reside el verdadero y próximo reto social. De lo contrario, andaremos simplemente embriagados de transparencia.

 

Entrevista a Daniel Innerarity

Elena Herrero-Beaumont entrevista al filósofo vasco

(Publicado en Ethic 26 2016. Fotos de Juantxo Egaña)

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Es filósofo de vocación y político de experimento. Daniel Innerarity (Bilbao, 1959) es una rara avis intelectual que nos está ayudando a interpretar mejor el caos de una sociedad «exasperada», como la califica él, y también a entender un entorno político donde emergen nuevos ejes más allá de la izquierda y la derecha. Nos recibe en el corazón de la Parte Vieja de Donostia.

Dices que uno de los problemas de nuestro sistema político es que ponemos mucho el foco en el candidato y en las campañas, y poco en el gobierno y en la gestión.

Hay una ruptura entre tecnocracia y populismo más radical en nuestra cultura política que la ruptura entre derechas e izquierdas. Los partidos se van a posicionar como por ejemplo en Italia, donde hay dos partidos populistas y dos partidos tecnócratas, y dos de derechas y dos de izquierdas. Dicho esto, la promesa tecnocrática era creíble antes, ahora no. Desde el punto de vista de los resultados, este Gobierno no puede ofrecer un balance muy bueno…

¿Cómo crees que ha gestionado el Ministerio de Economía la relación con los mercados?

A mí, el lenguaje guíndico me resulta incomprensible, por no decir insultante. Me parece una falta de respeto total a la gente. En estos momentos no puedes hacer una política económica que la gente no entienda. La política económica la tienen que entender los mercados y también las personas. Que la aceptación de Europa sea tan baja se debe, en buena medida, a que Europa está resultando incomprensible para la gente. Y está resultando incomprensible porque delegamos todas aquellas cuestiones que nuestra democracia electoral no permite si no queremos darnos una bofetada en las elecciones. En el fondo, es una cosa muy típica de este país, la desresponsabilización. En Euskadi tenemos un sistema fiscal propio que implica una asunción de responsabilidad.

¿Cómo un hombre como tú, que habla de la heterogeneidad y del bien del otro, puede ser nacionalista?

Si por nacionalismo entendemos espacios autárquicos, insolidarios, xenófobos, homogeneidad cultural y política, yo no comparto ese punto de vista. Defiendo un nacionalismo cívico, una identificación con una comunidad en la cual están antes las personas que las naciones. Hay mucha gente que cree que no es nacionalista y lo es. La gente más nacionalista que he conocido en mi vida han sido los antinacionalistas. Esa gente furibunda detrás de la cual percibes una obsesión por la identidad, una irritación con los temas de identidad. La pertenencia nacional hay que secularizarla.

Si no es tan importante la nación, sino la persona, ¿por qué proteger a la nación?

Porque una nación puede ser una experiencia de solidaridad especialmente intensa. Decía un político alemán que, para él, Baviera era su identificación emocional, Alemania su identificación en términos de solidaridad y Europa su identificación en términos democráticos.

¿Por qué tanta identificación con el nacionalismo existiendo tantos otros problemas?

Sí, estamos dedicándole demasiado esfuerzo y energía. Pero, a la vez, la nación es el lugar al que vuelves, son tus raíces… Ha habido nacionalismos en la historia que han sido muy integradores y han construido ámbitos de solidaridad. La palabra ‘nacionalismo’ es una palabra neutra.

En España no creo que sea una palabra neutra…

Sí… Hay nacionalismos cívicos y hay nacionalismos agresivos. Hay nacionalismos que han luchado por la democracia en este país.

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¿Crees que es la ejemplaridad de los líderes la que verdaderamente inspira a un sistema democrático?

Hay dos obsesiones en la cultura contemporánea que nos impiden avanzar. Hay una obsesión con la moral a costa de lo cognitivo, y hay una obsesión con el elemento individual a costa de lo organizativo. Si confiamos demasiado en el liderazgo individual, probablemente estemos dejando un espacio para el mal liderazgo individual. El sistema político tiene en la cumbre a los políticos, que están en permanente choque con los funcionarios. ¿Para que sirven los políticos? Para superar el conservadurismo de los funcionarios. ¿Para que sirven los funcionarios? Para superar la frivolidad de los políticos. En ese choque, en esa fricción, ganamos todos. Me parece que lo que hay que hacer es poner sistemas de compensación anticíclica, que no hemos sido capaces de crear. Pero es que, además, hay demasiado acercamiento moral hacia la realidad y enseguida buscamos un culpable, imputamos una responsabilidad, pensamos que hay buenos o malos, cuando la mayor parte de nuestros problemas se deben a que hay una ignorancia sistémica. Para eso hace falta una gran movilización cognitiva de la sociedad. En este escenario de inteligencia distribuida hace falta poner a mucha gente a trabajar porque, además, se da la circunstancia de que no necesariamente el que más poder tiene es el que más sabe. Saber o no saber, esa es la cuestión. Mejoremos individual y sobre todo colectivamente nuestra relación cognitiva con la realidad.

Los gobernados en muchos casos tienen más información que los que gobiernan. ¿Qué opinas de los ‘lobbies’? ¿De la interacción entre lo público y lo privado? ¿Qué es interés privado y qué es interés general?

Los lobbies son las empresas farmacéuticas, por ejemplo, pero Cáritas también lo es. Se está produciendo un fenómeno de autoorganización de la sociedad al margen del sistema político que está haciendo obsoletos e ineficaces los sistemas de ‘ordeno y mando’ de la jerarquía estatal. Se están autoorganizando los empresarios, pero también los anarquistas de la CUP. O los gobiernos son capaces de favorecer esa autoorganización y dirigirla de una manera que sea equilibrada o chocarán con la resistencia de la sociedad. No es una tesis neoliberal, que no soy neoliberal, ni tampoco anarquista. Sino que creo que ha aparecido un nuevo eje de identificación en nuestra sociedad contemporánea: queremos organizarnos a nosotros mismos. Y no toleramos sistemas jerárquicos de decisión. La idea de apretar un botón y hacer un decreto ley no está a la altura de la complejidad de la sociedad. Un gobernante tiene una responsabilidad sobre el conjunto de la sociedad. ¿Cómo articulas esa idea de implicar a la gente y al mismo tiempo no dejar la decisión en manos privadas? La única manera es favorecer a la sociedad la reflexión sobre sí misma.

Eso es utópico.

Es utópico, pero es fantástico. Si yo quiero regular el mundo financiero y el mundo del deporte, tengo que lograr que ambos colaboren conmigo en la tarea de la regulación y entiendan que ellos mismos están generando riesgos… Dominique Strauss-Kahn decía que cuando estaba en el FMI había altos directivos de Wall Street que le decían: «Por favor, contrólenos» (siempre me he acordado de que a él podrían haberle controlado también un poco…). Los seres humanos necesitamos sistemas que nos impidan hacer lo que queremos. Suena muy bruto, pero es así. Sistemas que me ayuden a ver que hay ciertos riesgos que pueden ser autodestructivos.

¿Está la ciudadanía española preparada para escuchar este mensaje de autogobierno? No tenemos esa cultura en absoluto.

Seguramente no. Yo creo que la experiencia política fundamental es la impotencia, la dificultad de mover algo. Tenemos una limitación cognitiva, nuestros sistemas políticos saben muy poco para lo que tienen que hacer; tenemos una limitación en relación con el poder (el poder de «yo te mando a ti» es un recurso muy pobre de gobierno y tiene un recorrido muy pequeño); tenemos una limitación de dinero.

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¿Qué opinión tienes de los medios de comunicación en España?

Los medios de comunicación son más necesarios que nunca en la actual situación, en la que necesitamos reducciones significativas de la complejidad. Es una ilusión pensar que la ciudadanía pueda hacerse una idea de lo que está pasando, tomar decisiones, eso no puede alcanzarse sin la colaboración de los medios. Y yo creo que en estos momentos los medios están dedicados al detalle escabroso, a la anécdota, están construyendo un régimen de negatividad. Por poner un ejemplo: hay pocos análisis buenos, al menos yo nos los conozco, de cuáles fueron las circunstancias que nos llevaron al rescate bancario en España, que nos costó un dineral y que lo estamos pagando. Y en cambio lo sabemos todo acerca del uso de las tarjetas black. Estamos convirtiendo la política en un espectáculo en el cual nosotros, los ciudadanos, nos estamos convirtiendo en mirones, facilitado por los medios de comunicación. Es una democracia ocular, donde somos losvoyeurs de un espectáculo que nos cabrea y nos indigna. De ahí mi cierta resistencia a darle demasiada importancia a la transparencia. La transparencia como obsesión y como única categoría de democratización se adapta bastante bien a este tipo de democracia que en el fondo es una democracia de poca calidad y que nos coloca a nosotros mismos en espectadores que estamos contemplando un espectáculo.

Por defecto hemos asumido que los sistemas son corruptos, de ahí la necesidad de ser transparentes.

¿Tenemos un problema: que los políticos nos estén ocultando algo cuyo desvelamiento aclararía todo lo que nos está pasando? ¿O más bien tenemos un problema de confusión colectiva? Ha pasado lo primero; vamos camino de corregirlo, pero lo segundo es una batalla que estamos librando más a largo plazo, es una batalla de construcción de la voluntad política, más complicada. Los sistemas de decisión necesitan espacios discretos. ¿Cómo han reaccionado los políticos al mundo de la transparencia? No diciendo nada, acartonando su discurso. Es un discurso hueco y banal.

Con la irrupción de los nuevos partidos, ¿crees que estamos en la transición hacia un modelo mejor?

Hay todavía ciertas estrategias que aspiran a una reedición del bipartidismo con otros actores. No nos creemos la diversidad interior, ideológica, nacional, cultural, religiosa sexual, lingüística… Mientras no sintamos como propia la diferencia del otro, no estaremos avanzando realmente nada en términos de unidad. Porque la unidad va a ser a través del reconocimiento de la diferencia. Y la represión de la diferencia no construye nada positivo.

Así que no crees que se vaya a consolidar un sistema multipartidista en España.

Podría ser… No digo que no. Hay mucho fenómeno de burbuja, pero vamos a pasar unos años con más actores políticos, más equilibrados entre sí, teniendo que hacer operaciones más sutiles, yo creo que eso es indudable.

¿Qué opinas de la Ley de Educación que se aprobó en la pasada legislatura y cómo aspirar a educar a los jóvenes del futuro?

La sociedad en que vivimos y su complejidad requiere que se institucionalice la inteligencia colectiva, que lo que todos nos preguntamos de vez en cuando, a altas horas de la madrugada después de haber bebido un poco, por el sentido de la vida, del amor, de la belleza… lo haga gente de manera sistemática. Eso lo hacen los filósofos y otras muchas profesiones. Pero se ha impuesto una lógica del beneficio, de la rapidez, de la performance, que ha estigmatizado la reflexión como una pérdida de tiempo. La utilidad de lo inútil.

Mujeres de hoy: rompiendo barreras

Elena Herrero participa en un encuentro de Women21

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La plena participación de la mujer, en todos los sectores y a todos los niveles, resulta fundamental para construir sociedades más justas y economías más robustas. ¿Cómo romper los techos de cristal sin antes deshacerse de los estereotipos de género? Ethic reúne a un grupo de mujeres de distintos ámbitos y generaciones en un nuevo encuentro de Woman 21, que ha contado con la colaboración de Telefónica.



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Artículo sobre Europa de Elena Herrero-Beaumont en Ethic

“El magma europeo que decidirá nuestro futuro”

«Una coalición de euroescépticos no debería causar demasiado trastorno en el día a día del Parlamento»

Los 751 escaños del Parlamento Europeo esperan a ser ocupados. Hasta septiembre no se iniciará la actividad legislativa. Mientras, las 150 formaciones políticas que fueron elegidas entre el 22 y el 25M por el 43% de los 500 millones de ciudadanos de los 28 países que componen la Unión Europea negocian la organización del nuevo parlamento. La magnitud de estas cifras habla por sí sola de la complejidad que vivimos en Europa.

Esta complejidad se va a ver acentuada en la próxima legislatura por la irrupción de partidos euroescépticos y populistas en el Parlamento a una escala nada despreciable: representarán nada menos que un tercio de los 751 escaños. Los analistas apuntan a que estos partidos, que tienen como denominador común el escepticismo hacia el proyecto europeo y el mensaje populista, formarán una gran coalición. En eso están estos días. Negociando.Ethic

Aunque los populismos y extremismos susciten un cierto espíritu de catástrofe europea, que la prensa económica anglosajona se ha encargado de resaltar por activa y por pasiva, esta eventual coalición de euroescépticos no debería causar demasiado trastorno en el día a día del Parlamento cuando arranque la actividad en septiembre. Ello porque los populares y los socialistas europeos, que siguen ostentando una mayoría del 52 por ciento, están también negociando su propia coalición. Así que vemos que las coaliciones serán más importantes en esta legislatura que en las pasadas.

La necesidad de esa gran coalición se hace más intensa al contemplar los retos que se le presentan a la vieja Europa. En los próximos cinco años, que es el periodo de duración de la nueva legislatura, los eurodiputados elegidos decidirán nuestro futuro. Desde cómo gastar más de 1.000 billones de Euros de presupuesto hasta cómo negociar el tratado de libre comercio con Estados Unidos o desarrollar la unión bancaria; otros asuntos como la privacidad, el cambio climático o la emigración marcarán las agendas de los diferentes grupos parlamentarios.

Pero los juegos de poder en Bruselas no se limitan al Parlamento. La Comisión y el Consejo, sobre todo éste último, formado por los jefes de estado y de gobierno de los 28 países de la Unión, son los que terminan liderando el proceso de toma de decisiones en Europa. Es aquí donde la alemana Angela Merkel despliega el liderazgo que la ciudadanía europea se ha resignado a aceptar y que la comunidad internacional ha interiorizado sin más.

Estos días, el Consejo está valorando a quién proponer como presidente de la Comisión. Pero no debería valorarlo mucho porque en teoría tendría que ser el Popular Jean-Claude Juncker. La novedad de estas elecciones es que por primera vez se aplica el precepto del Tratado de Lisboa que establece que el Parlamento Europeo debe elegir al presidente de la Comisión sobre la base de la propuesta hecha por el Consejo, teniendo en consideración los resultados electorales. Por primera vez los diferentes partidos pan-Europeos han presentado un candidato a la Comisión y los votantes han tenido la oportunidad de elegirlo de manera indirecta. Es decir, los españoles también votamos el 25M (aunque muchos sin saberlo) por el popular Jean-Claude Juncker o por el socialista Martin Schulz.

Si finalmente no se nombra a Juncker de acuerdo con lo pactado, Bruselas violaría no sólo el Tratado de Lisboa, sino una vez más su propia legitimidad, muy castigada ya tras años de crisis económica. Según las encuestas, desde la crisis financiera de 2008, la mayoría de los europeos cree que sus hijos y nietos vivirán peor que ellos y una parte importante considera que su voto no marca la diferencia de cómo se gobierna en Europa.

Pero a pesar de que se preveía un bajón en el nivel de participación, ésta se mantuvo constante para sorpresa de muchos. Aparentemente esto resulta ser una buena noticia, un buen síntoma de funcionamiento democrático, pero según el Centre for European Policies Studies (CEPS), esta concurrencia estuvo más bien motivada por la rabia y por el rechazo hacia el proyecto europeo. Y es que la participación fue mayor en aquellos países donde han ganado los partidos euroescépticos. Ya lo dijo Joaquín Almunia el domingo 1 de junio: “Los resultados de las europeas son un castigo a ese magma llamado Bruselas: Comisión, Consejo, Eurogrupo, BCE, Merkel.”

Estos días se habla mucho de cómo lograr despertar a la ciudadanía europea del letargo o del enfado para conectarla con el proyecto Europeo. Según decía el periodista Enric González en El Mundo es necesario y urgente desarrollar un sistema de participación y control democrático que permita a los ciudadanos sentirse representados. Gideon Rachmand del Financial Times sugería restaurar un cierto control democrático de los estados sobre temas que tradicionalmente han entrado dentro de sus competencias, como es el control sobre las finanzas o sobre las fronteras. Pero entonces ya no sería Europa.