INFLUENCIA LEGÍTIMA

El Big Data en la toma de decisiones públicas

Cómo la tecnología puede mejorar la eficacia de la Administración Pública

Fuente de la foto: www.ebusinesshoy.com 

Cuando el antiguo Presidente del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet afirmaba que al hacer frente a la crisis se habían sentido abandonados por las herramientas convencionales, o cuando el Presidente Obama afirmaba que el sistema de justicia criminal no era tan inteligente como debería ser, en realidad estaban poniendo de manifiesto dos cosas: que las autoridades públicas no hacen uso de todos los instrumentos que la tecnología pone a su disposición, y que existe una concienciación sobre este problema.

Hoy en día existen muchos ejemplos de utilización del Big Data por parte de las empresas privadas y muchas de dichas herramientas deberían ser utilizadas por los poderes públicos. Sin embargo, la realidad, como apunta Helen Margetts, Directora y Profesora del prestigioso Oxford Internet Institute, es que “el Gobierno ha sido demasiado lento en reconocer las ventajas para la elaboración de políticas y servicios”.

Ello no obsta para la necesidad de recordar cómo desde el poder público se han impulsado diversas iniciativas. Basta observar el Mercado Digital Único como proyecto “estrella” de la actual Comisión Europea, la iniciativa de la Administración Obama “Big Data: Seizing Opportunities. Preserving Values”, o “The Australian Public Service Big Data Strategy” impulsada por el Gobierno australiano.

Sin embargo, en muchas ocasiones el enfoque está equivocado. Es lo que Christopher Frank ha denominado “Alice in the Wonderland Problem”. La cuestión radica en que la elaboración de políticas públicas a través del Big Data debería preguntarse más por el “qué” que por el “cómo”. Para qué vamos a utilizar los datos más que cómo los gestionamos. Y aquí surge una de las preguntas clave: ¿para qué necesitan el Big Data los poderes públicos? La respuesta en realidad la suscribiría probablemente cualquier CEO de una compañía: detectar los problemas, reorganizar los recursos, comprobar las suposiciones, tomar decisiones, etc. Se llevan años hablando de e-Administration, e-Government, y en la actualidad está de moda hablar de Gobierno Abierto, de transparencia y de dación de cuentas. El siguiente paso es conseguir un “Gobierno inteligente” y aquí el Big Data puede jugar un papel clave.

Lo cierto es que existen áreas en las que el uso intensivo de datos ya ha mejorado los servicios. En la salud se beneficia la política de investigación a corto plazo y la sostenibilidad del sistema a largo plazo; en la educación se pueden anticipar posibles fracasos escolares; en las denominadas ciudades inteligentes, movilidad, transporte y planeamiento urbanístico; en lo meteorológico, mejora en la agricultura o en los planes de emergencia; en la seguridad pública, lucha contra el crimen, etc.

Basta observar iniciativas como el proyecto Visc+ impulsado por el Departamento de Salud en Cataluña para mejorar la investigación, la denominada Smart Fire Fighting initiative para la lucha contra el fuego del Departamento de Bomberos de la Ciudad de Nueva York, el proyecto Optimod para la mejora de la congestión del tráfico en Lyon o muchos otros a lo largo del mundo. Todos ellos tienen en común el uso del Big Data, el amplio margen para la Colaboración Público-Privada y, lo que es más importante, la mejora en los servicios prestados para los ciudadanos.
Queda mucho camino por andar, particularmente en la fase de toma de decisiones, pero hay que asumir que es un camino sin retorno. La adecuada utilización del Big Data permitirá acelerar la toma de decisiones, beneficiarse de las aportaciones del sector privado, impulsar vías de colaboración público-privadas y, en lo que para nosotros resulta un elemento esencial, contribuir a la legitimidad social de las decisiones públicas. Solamente por este último objetivo, merece la pena seguir volcando los esfuerzos.