INFLUENCIA LEGÍTIMA

Trump busca desesperadamente un golpe de efecto

Clinton aventaja a Trump en más de 6 puntos y se dirige con paso firme a la Casa Blanca

Las últimas encuestas publicadas en Estados Unidos ponen a Hillary Clinton en cabeza con una ventaja de alrededor de 6 puntos (48%-42%). Aunque la diferencia ha descendido ligeramente en los últimos días, la candidata demócrata está siendo capaz de mantener sus números, consolidando una ventaja que viene creciendo desde inicios del mes de octubre, cuando la separación era únicamente de 2,7 puntos.

La campaña de Donald Trump sufrió un duro revés con la filtración a principios de este mes de un vídeo en el que el candidato republicano hacía comentarios vejatorios y denigrantes sobre las mujeres, algo que ha dañado su imagen en las últimas semanas y que ha sido comentado en los dos últimos debates presidenciales. Inicialmente, Trump trató de neutralizar las acusaciones de sexismo apuntando directamente al marido de su contrincante, Bill Clinton, y a los diversos escándalos en los que se había visto envuelto. Trump aseguró que lo suyo eran sólo palabras, mientras que con Bill Clinton se trataba de acusaciones reales de abuso.

No obstante, esta estrategia ha dado pocos resultados, y Trump sigue buscando fórmulas para reponerse de ese golpe y conseguir que la sociedad americana pase página, desviando la atención hacia otros temas. Para ello está haciendo lo que mejor sabe hacer: crear polémicas ficticias que le permiten ser la estrella de forma proactiva y controlando el mensaje, en lugar de estar a la defensiva.

Bajo esta premisa, en los últimos días Trump ha asegurado que hay una conspiración generalizada en su contra, que las elecciones están amañadas y que el sistema está corrupto. El republicano ha manifestado que hay una “estructura global de poder”, que incluye entre otros a los medios, al FBI y al Departamento de Justicia, encargada de manipular las elecciones para favorecer a su oponente. De esta forma, Trump ha llegado a afirmar que solo aceptará el resultado electoral “si yo gano”.

Las sospechas de fraude electoral no son algo nuevo en la política americana, pero es la primera vez que un candidato pone este tema en el centro del debate, sembrando dudas sobre la integridad del sistema incluso antes de saber los resultados. El magnate neoyorquino ha hablado de más de un millón de fallecidos que están registrados para votar y más de 2 millones de votantes que están registrados en dos estados, pero ni los estudios sobre fraude electoral ni la acción de las autoridades públicas sostienen la postura de Trump. Todos los expertos coinciden en que los casos de fraude electoral son raros y escasos, como lo demuestra, por ejemplo, que entre 2002 y 2007, cuando el fraude electoral se colocó como prioridad del Departamento de Justica, sólo hubo 82 condenas.

Por otro lado, Trump ha decidido ahora hacer bandera de un tema popular entre los americanos: la corrupción de Washington. Trump anunció la semana pasada una batería de medidas como parte de su reforma ética para “vaciar la ciénaga” de la capital y acabar con décadas de inacción y fracaso. Entre sus propuestas destacan una enmienda constitucional para imponer límites temporales de mandato a los congresistas, una ley para impedir que los funcionarios, legisladores y sus equipos puedan hacer lobby hasta 5 años después de abandonar sus cargos públicos, y la prohibición de que agentes extranjeros puedan recaudar dinero en las elecciones americanas.

Curiosamente, en su faceta de empresario multimillonario, Trump ha utilizado lobistas para conseguir desarrollar sus negocios en Florida, Long Island y Ohio, y ha donado dinero a políticos de ambos partidos y a sus campañas electorales, incluyendo 100.000 dólares a la Fundación Clinton. Trump asegura que esta experiencia sobre cómo los poderosos intervienen en política es lo que le permite decir con rotundidad que él es el único capaz de acabar con las corruptelas y el tráfico de influencias existentes en Washington. Este discurso no ha tenido tampoco el impacto positivo deseado.

Por ello, en su carrera contrarreloj por conseguir un golpe de efecto que dé un giro a su campaña, Trump anunció que iba a pronunciar un histórico discurso el sábado en Gettysburg, escenario de una de las batallas más emblemática de la Guerra Civil americana. Pero en lugar de exponer una visión reconciliadora y atractiva del país, como hizo Abraham Lincoln en 1863, Trump continuó con sus teorías conspiratorias, sus acusaciones contra el sistema y las dudas respecto al resultado electoral. Llegó incluso a decir que no se debería haber permitido a Clinton presentarse como candidata por la cantidad de ilegalidades que ha cometido, en referencia a la polémica sobre el uso de una cuenta privada de correo electrónico por parte de la ex-Secretaria de Estado mientras estaba en el cargo.

Tras varios minutos de quejas y soflamas, Trump pasó por fin a hablar de política, explicando las acciones que llevaría a cabo en sus primeros 100 días de mandato. Pero no dijo nada nuevo, sino que simplemente hizo un recopilatorio de medidas sobre las que ya ha venido hablando en las últimas semanas. En definitiva, si la batalla de Gettysburg fue un punto de inflexión en el desarrollo de la Guerra Civil, el discurso de Trump queda lejos de producir ningún cambio en la batalla por la Casa Blanca.

Por tanto, el candidato republicano inicia las últimas dos semanas de campaña con una desventaja importante en las encuestas y con muestras de descontento entre sus compañeros de partido, ya que varios le han criticado por el vídeo sexista y por sus palabras en contra de la integridad del sistema. Trump lleva días buscando un golpe de efecto, una jugada maestra que le permita reconducir el rumbo de su campaña y acortar distancias con Clinton, pero no lo ha conseguido. A estas alturas podemos decir que Trump ya no controla su destino y necesita algún acontecimiento externo que cambie la dinámica de la campaña para convertirse en presidente. El reloj corre y si todo va según lo esperado, Hillary Clinton se dirige con paso firme a ser la primera presidenta de los Estados Unidos.

 

 

Españoles Embriagados de Transparencia

La corrupción no solo se combate con transparencia. El reto es mucho mayor.

(Publicado en el especial de ETHIC- Marcas con Valores, septiembre 2016)

“La corrupción se siente, pero no preocupa en exceso.” Este es un titular de Cinco Días de mayo de 2007. El artículo se hacía eco de los resultados del Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, donde España había quedado por debajo de su 7 habitual como consecuencia de los escándalos urbanísticos que comenzaron a dejarse ver aquel año previo al estallido de la crisis financiera. Pero en aquella época de “vacas gordas” los temas de corrupción parecían importar bastante poco a los españoles. “Sólo un 2% los cita cuando se le pregunta por los problemas más graves de España,” explicaba el periodista.  Otro de los detalles del artículo que llaman la atención es la referencia que el periodista hacía a la falta de políticas anticorrupción en el IBEX-35. Una situación calificada por la propia Transparencia Internacional como de “deprimente.” Por aquel entonces, señalaba el artículo, en países como Estados Unidos o Reino Unido, un 90 por ciento de las 500 mayores empresas gozaban de códigos de conducta contra la corrupción.

Casi una década ha pasado desde entonces. Y en este tiempo, los españoles hemos sido testigos del desmoronamiento de todo aquello que nos ofrecía una cierta garantía de estabilidad. El libre mercado nos azotó de lleno con una crisis financiera sin precedentes, que se llevó consigo parte del estado de bienestar, y con él esa sensación de seguridad y de progreso con la que nos habíamos acostumbrado a vivir, sobre todo en las décadas de los 80, los 90 y los primeros cinco años del siglo XXI. Mientras la crisis hacía sus estragos, se precipitaba un trasvase de riqueza hacia las economías emergentes. Nos quedamos en calzones, como dicen a veces. Y entonces los españoles sufrientes ante un presente de despidos, desahucios y desempleo, un presente desprovisto de esa riqueza mal gestionada que nos había cegado hasta la fecha, comenzamos a prestar más atención a la corrupción de empresarios y políticos. Los españoles comenzamos a protestar ante la opacidad. Queríamos ver qué se había hecho con ese conjunto de promesas de prosperidad disueltas. Comenzamos a demandar transparencia.

Como muestra el gráfico de más abajo, el número de artículos sobre transparencia en los titulares de los principales medios de comunicación de nuestro país ha registrado un aumento de casi el 60 por ciento entre el 2007 y el 2015. Y el número de artículos donde se asocia el fenómeno de la transparencia a corrupción se ha disparado casi un 80 por ciento en el mismo periodo.

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Más abajo recogemos la evolución del volumen de temas ligados a la transparencia en artículos de prensa entre el año 2007 y el año 2015. El tema de la corrupción se ha convertido en un tema mucho más predominante a la hora de hablar de transparencia. Ha pasado de estar a la cola de los temas prevalentes cuando la prensa hablaba de transparencia en el 2007 a la cabeza de los mismos en 2015.

graficos

Estos datos son prueba de cómo a lo largo de este periodo de tiempo hemos sido testigos de la gestación y evolución de una cultura de transparencia ligada a combatir la corrupción que muchos no creían posible en España en la época previa a la crisis. Hemos presenciado un debate abierto en materia de transparencia que culminó con la aprobación de la Ley de 2013; un debate donde predominaron los conceptos de “lobbies” y “puertas giratorias”, que progresivamente se han convertido en parte de nuestro acervo público. Hemos visto cómo la CNMV impulsaba todo un conjunto de reformas en materia de gobierno corporativo que exigían al Ibex-35 publicar aspectos otrora inéditos ad infinitum. Hemos escuchado a perfiles como el de Elvira Rodríguez, la presidenta de la CNMV, decir en foros públicos “creemos en la potencia preventiva de la transparencia.”

Pero la gran cuestión ahora es qué hacer con toda esta transparencia. Nos debemos preguntar hacia donde nos está llevando esta cultura de “sobretransparencia”. Para algunos filósofos y visionarios actuales, la transparencia es necesaria en equilibrio, pero no suficiente. Necesitamos más madurez social para construir algo bueno a partir de toda esta desnudez. La transparencia no puede ser un sustituto del comportamiento ético genuino, de unos valores o una moral que nos conducirían a hacer las cosas bien aun cuando nadie nos estuviera mirando. Aquí reside el verdadero y próximo reto social. De lo contrario, andaremos simplemente embriagados de transparencia.

 

Entrevista a Andrés Herzog

“Hay un oscurantismo que afecta todo”

 

herzog-fotogalc4Nació y vivió gran parte de su vida en el País Vasco, excepto sus años de carrera en Pamplona. Fue abogado de procesal en Garrigues durante una década hasta que decidió dar el salto a la política a finales de 2011. Desde entonces trabaja como Secretario General del Grupo Parlamentario de UPyD en el Congreso. Andrés Herzog (San Sebastián, 1974) no contempla la política como carrera, pero sí como vía para debatir ideas nuevas que le vienen a la cabeza y contribuir a la regeneración del sistema. “Lo que más me gusta de mi trabajo es ver cómo algo que pensé un domingo se está debatiendo en el Congreso,” me confesó hace unas semanas en su despacho. De ahí me regaló unas horas de su tiempo para hablar de política, talento y transparencia.

Elena Herrero-Beaumont: ¿Cuál es tu valoración de los resultados electorales?
Andrés Herzog: Para nosotros es un magnífico resultado, aunque siempre esperas más. Me parece muy importante en un contexto de cambio que UPyD siga una trayectoria de crecimiento sólida. Es verdad que nuestro resultado no ha sido tan espectacular como el de Podemos, pero ha sido nuestro mejor resultado histórico. Además, se ha demostrado que hemos pasado de ser un partido madrileño a un partido nacional. Y en este sentido, lo que tenemos claro es que no vamos a cometer el mismo error de PSOE y PSC. Uno de los problemas de España es que PP y PSOE han dejado de ser partidos nacionales y en cada región defienden una cosa distinta.

EHB: Muchos periodistas se preguntan por qué no fraguáis una coalición con Ciudadanos. Al fin y al cabo defendéis cosas parecidas.

AH: Hay un origen común, que se concreta en una denuncia del nacionalismo, de la rendición de los partidos nacionales frente al nacionalismo. UPyD nace de movimientos sociales de lucha contra ETA en País Vasco y Ciudadanos de lo mismo en Cataluña. Pero dicho esto, si nos juntamos con Ciudadanos vamos a encontrarnos en posiciones contrarias sobre determinadas cuestiones catalanas, por ejemplo.

EHB: ¿Como afrontáis las próximas elecciones municipales y autonómicas?

AH: Con un crecimiento como el que estamos manteniendo podemos sacar varios miles de concejales en España. En Madrid, en muchos municipios hemos quedado por delante del PSOE. Pero es un reto buscar a gente capaz que podamos presentar a los ciudadanos. Nuestra guía es: en sitios donde no encontramos a gente a la que nosotros votaríamos no nos presentamos. Nuestro crecimiento, por tanto, es lento y nuestro reto es captar talento. Desgraciadamente en España la gente de más talento no se acerca a la política. A la política se acerca gente que se quiere promocionar, gente rebotada, etc. Nosotros buscamos un perfil de profesional liberal, estudios universitarios, etc.

EHB: Es decir, perfiles como el tuyo. ¿Qué fue lo que te motivó a dar el salto a la política?

AH: Como todo fue un proceso. En el País Vasco, donde he vivido toda mi vida, salvo mis años de carrera, hay una discriminación absoluta a los no nacionalistas. Y he sufrido sucesivos desengaños, primero con el PSOE, que se entregó al nacionalismo, después con el PP. Cuando Fernando Savater, a quien admiro, comenzó a liderar movimientos a favor de las víctimas de ETA y se creó UPyD me afilié de inmediato. Siempre me ha gustado mucho discutir de política, pero en ese momento se me despertó una inquietud. Empecé en el 2009 en parlamento vasco con Gorka Maneiro. Cuando me propusieron colaborar más directamente en las últimas elecciones generales en el 2011, no me lo pensé un minuto, porque para mi era una forma de hacer realidad mis ideales y de unirla con un trabajo.

En estos dos años y medio me he involucrado en la labor parlamentaria en el Congreso, que para mi es como un I+D de propuestas, y también en la parte orgánica, que es el Consejo de Dirección, que es apasionante porque está por hacer. UPyD surge de la nada y eso nos ha permitido construirlo con bases distintas.

EHB: ¿Y qué tal el cambio? ¿Se lo recomiendas a colegas de profesión y amigos con una inquietud similar?

AH: Si, totalmente. Mucha gente me dijo en su día que si estaba loco, ¡con lo mal que está la política!… Pero yo no lo veo como una profesión de por vida. Afortunadamente, si UPyD traiciona los principios que me atrajeron me iría sin problemas. Yo no creo que deba plantearse una carrera política como una carrera profesional. En nuestros estatutos está la obligación de haberse dedicado a una actividad profesional diferente de la política antes de entrar en UPyD.

EHB: Eres el autor de varias querellas de UPyD, la fundamental de la querella contra Bankia. ¿Qué fue lo que te motivo a enfrentarte a un problema tan complejo?

AH: Surgió de una sensación de imposibilidad. Ante un escándalo de esta magnitud, intentamos constituir una comisión de investigación en el Congreso y fue imposible porque todos los demás partidos estaban metidos en las Cajas. Nos encontramos muy solos. Ni siquiera IU nos apoyó, porque como todos los demás eran parte de los consejos de administración de las Cajas.

Intentamos constituir una comisión de investigación en la Asamblea de Madrid, pero tampoco funcionó. Finalmente, en una reunión del Grupo, surgió la posibilidad de poner una querella. Que fue posible porque estaba yo, al no tener medios para contratar a grandes despachos.

EHB: En estos procesos en los que estás metido, habrás aprendido muchas cosas, desmitificado otras muchas y sacado conclusiones. ¿Me lo resumes?

Mi ámbito de especialidad no era el derecho penal, así que una querella criminal era un reto. He aprendido mucho del sector financiero y del funcionamiento de las entidades financieras, del rescate financiero, etc.

Y sí, he desmitificado mucho. Cuando ves declarar a gente como el ex gobernador del Banco de España o a Consejeros de una entidad como Bankia te das cuenta de su bajísimo nivel profesional. Te deja un poco abrumado. También te permite ver hasta qué punto los partidos políticos, sindicatos y las patronales han colonizado las instituciones del estado.

EHB: Vivimos en un momento de desencanto generalizado con nuestras instituciones, pero, como abogado y experto legal, ¿qué crees que está bien del entramado institucional y político y qué crees que podríamos mejorar?

AH: En España funciona muy bien el sector de los altos funcionarios del estado. Tenemos gente muy competente y capacitada que hace magníficos informes, como los que hicieron los Inspectores del Banco de España en su día, pero, de nuevo, la colonización de las instituciones por los partidos políticos es un verdadero problema. Éstos han salido de su ámbito natural y lo han invadido todo: la justicia, los organismos reguladores, el Banco de España, la CNMV, el Tribunal de Cuentas y han eliminado la función de control. El problema de España no es tanto de profesionalidad sino de politización. Es un problema muy grave y de muy difícil solución, ningún partido está dispuesto a recortar los derechos adquiridos a lo largo del tiempo con la pasividad de la ciudadanía y con unos medios de comunicación muy mediocres.

Para mi lo grave es que tenga que ser un partido político pequeño como UPyD el único que presente querellas, que no haya fiscalías que lo hagan. Eso es lo desolador de España.

EHB: Si trabajas en el Congreso, tienes quizás una idea de cómo ejercen la presión determinados grupos de interés en los proyectos de ley ¿Cómo es vuestra relación con ellos?

AH: Nos reunimos con todo el mundo. Tomamos nota de las propuestas, nos sirven mucho para hacer nuestro trabajo. No tenemos prejuicios. Intentamos defender las cosas alejándonos de ideologías. En España la política se ha construido con prejuicios. Nosotros, sin embargo, intentamos valorar las cosas en función de los argumentos.

Tenemos un equipo reducido de 12 personas. Tenemos un asistente por cada diputado y un jefe de gabinete. Pero tenemos unos grupos de trabajo distribuidos por distintos sectores: economía, justicia, energía, que son los que dan esa asistencia a los diputados. La gente que colabora con nosotros son personas altruistas que no quieren figurar. Es gente de confianza que colabora a nivel profesional sin querer que sus nombres aparezcan.

EHB: Siempre que hablamos de Grupos de Presión surge el eterno dilema de interés general, interés privado…

AH: En España predominan los intereses regionales sobre el interés general. Los diputados de UPyD representan el interés de España.

EHB: ¿Cuál es el interés de España?

AH: Que no haya cuotas, que hay cosas que hay que distribuir de acuerdo a criterios racionales.

EHB: Publicáis la agenda de las reuniones que tenéis en el Congreso con los lobbies. ¿De quién fue esa iniciativa?

AH: Esto surgió a raíz de un informe de una asociación de transparencia. Nos plantearon esta posibilidad y nos pareció una buena idea. Tenemos una conciencia muy grande hacia la transparencia. UPyD, por ejemplo, es el único partido que ha publicado su presupuesto electoral. También queríamos publicar las nóminas de los diputados y presentamos una iniciativa, pero fue rechazada. Hay un oscurantismo que afecta a todo.

EHB: ¿Te preocupa la transferencia de soberanía a Bruselas de cara al poder del Congreso?

AH: No. El debate parlamentario no se ha empobrecido por pertenecer a Europa, sino por la baja calidad democrática en España. El congreso es absolutamente anacrónico. El procedimiento es muy rígido. Empecé con mucha ilusión abriendo los debates, pero es un procedimiento tan encorsetado que le quita toda la frescura. Está en marcha una propuesta de reglamentación del Congreso. Nosotros hemos hecho un estudio de derecho comparado de todos los parlamentos y hemos presentado una propuesta de reforma de reglamento del congreso. Si nos lo tomáramos en serio habría un cambio muy importante.

Mi idea es que ni tiene por qué Europa acabar con todas las competencias ni al revés, ni tenemos que ir hacia un proceso de europeísmo. Tenemos que hacer un reparto de competencias basado en la eficiencia, no en ideologías.

Por otro lado, hay que implicar a los ciudadanos en el proceso europeo. Parece que Europa está sólo para lo malo, y ahí han tenido mucho que ver los gobiernos nacionales, para quitarse responsabilidades. Para nosotros Europa es la salvación. Es nuestra vía de escape del bipartidismo de España, que todo lo esconde debajo de la alfombra.

Más información en: http://lobby.blogs.ie.edu/#sthash.FYNPLq2P.dpuf

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herzog-fotogalc4Nació y vivió gran parte de su vida en el País Vasco, excepto sus años de carrera en Pamplona. Fue abogado de procesal en Garrigues durante una década hasta que decidió dar el salto a la política a finales de 2011. Desde entonces trabaja como Secretario General del Grupo Parlamentario de UPyD en el Congreso. Andrés Herzog (San Sebastián, 1974) no contempla la política como carrera, pero sí como vía para debatir ideas nuevas que le vienen a la cabeza y contribuir a la regeneración del sistema. “Lo que más me gusta de mi trabajo es ver cómo algo que pensé un domingo se está debatiendo en el Congreso,” me confesó hace unas semanas en su despacho. De ahí me regaló unas horas de su tiempo para hablar de política, talento y transparencia.
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Elena Herrero-Beaumont: ¿Cuál es tu valoración de los resultados electorales?
Andrés Herzog: Para nosotros es un magnífico resultado, aunque siempre esperas más. Me parece muy importante en un contexto de cambio que UPyD siga una trayectoria de crecimiento sólida. Es verdad que nuestro resultado no ha sido tan espectacular como el de Podemos, pero ha sido nuestro mejor resultado histórico. Además, se ha demostrado que hemos pasado de ser un partido madrileño a un partido nacional. Y en este sentido, lo que tenemos claro es que no vamos a cometer el mismo error de PSOE y PSC. Uno de los problemas de España es que PP y PSOE han dejado de ser partidos nacionales y en cada región defienden una cosa distinta.

EHB: Muchos periodistas se preguntan por qué no fraguáis una coalición con Ciudadanos. Al fin y al cabo defendéis cosas parecidas.

AH: Hay un origen común, que se concreta en una denuncia del nacionalismo, de la rendición de los partidos nacionales frente al nacionalismo. UPyD nace de movimientos sociales de lucha contra ETA en País Vasco y Ciudadanos de lo mismo en Cataluña. Pero dicho esto, si nos juntamos con Ciudadanos vamos a encontrarnos en posiciones contrarias sobre determinadas cuestiones catalanas, por ejemplo.

EHB: ¿Como afrontáis las próximas elecciones municipales y autonómicas?

AH: Con un crecimiento como el que estamos manteniendo podemos sacar varios miles de concejales en España. En Madrid, en muchos municipios hemos quedado por delante del PSOE. Pero es un reto buscar a gente capaz que podamos presentar a los ciudadanos. Nuestra guía es: en sitios donde no encontramos a gente a la que nosotros votaríamos no nos presentamos. Nuestro crecimiento, por tanto, es lento y nuestro reto es captar talento. Desgraciadamente en España la gente de más talento no se acerca a la política. A la política se acerca gente que se quiere promocionar, gente rebotada, etc. Nosotros buscamos un perfil de profesional liberal, estudios universitarios, etc.

EHB: Es decir, perfiles como el tuyo. ¿Qué fue lo que te motivó a dar el salto a la política?

AH: Como todo fue un proceso. En el País Vasco, donde he vivido toda mi vida, salvo mis años de carrera, hay una discriminación absoluta a los no nacionalistas. Y he sufrido sucesivos desengaños, primero con el PSOE, que se entregó al nacionalismo, después con el PP. Cuando Fernando Savater, a quien admiro, comenzó a liderar movimientos a favor de las víctimas de ETA y se creó UPyD me afilié de inmediato. Siempre me ha gustado mucho discutir de política, pero en ese momento se me despertó una inquietud. Empecé en el 2009 en parlamento vasco con Gorka Maneiro. Cuando me propusieron colaborar más directamente en las últimas elecciones generales en el 2011, no me lo pensé un minuto, porque para mi era una forma de hacer realidad mis ideales y de unirla con un trabajo.

En estos dos años y medio me he involucrado en la labor parlamentaria en el Congreso, que para mi es como un I+D de propuestas, y también en la parte orgánica, que es el Consejo de Dirección, que es apasionante porque está por hacer. UPyD surge de la nada y eso nos ha permitido construirlo con bases distintas.

EHB: ¿Y qué tal el cambio? ¿Se lo recomiendas a colegas de profesión y amigos con una inquietud similar?

AH: Si, totalmente. Mucha gente me dijo en su día que si estaba loco, ¡con lo mal que está la política!… Pero yo no lo veo como una profesión de por vida. Afortunadamente, si UPyD traiciona los principios que me atrajeron me iría sin problemas. Yo no creo que deba plantearse una carrera política como una carrera profesional. En nuestros estatutos está la obligación de haberse dedicado a una actividad profesional diferente de la política antes de entrar en UPyD.

EHB: Eres el autor de varias querellas de UPyD, la fundamental de la querella contra Bankia. ¿Qué fue lo que te motivo a enfrentarte a un problema tan complejo?

AH: Surgió de una sensación de imposibilidad. Ante un escándalo de esta magnitud, intentamos constituir una comisión de investigación en el Congreso y fue imposible porque todos los demás partidos estaban metidos en las Cajas. Nos encontramos muy solos. Ni siquiera IU nos apoyó, porque como todos los demás eran parte de los consejos de administración de las Cajas.

Intentamos constituir una comisión de investigación en la Asamblea de Madrid, pero tampoco funcionó. Finalmente, en una reunión del Grupo, surgió la posibilidad de poner una querella. Que fue posible porque estaba yo, al no tener medios para contratar a grandes despachos.

EHB: En estos procesos en los que estás metido, habrás aprendido muchas cosas, desmitificado otras muchas y sacado conclusiones. ¿Me lo resumes?

Mi ámbito de especialidad no era el derecho penal, así que una querella criminal era un reto. He aprendido mucho del sector financiero y del funcionamiento de las entidades financieras, del rescate financiero, etc.

Y sí, he desmitificado mucho. Cuando ves declarar a gente como el ex gobernador del Banco de España o a Consejeros de una entidad como Bankia te das cuenta de su bajísimo nivel profesional. Te deja un poco abrumado. También te permite ver hasta qué punto los partidos políticos, sindicatos y las patronales han colonizado las instituciones del estado.

EHB: Vivimos en un momento de desencanto generalizado con nuestras instituciones, pero, como abogado y experto legal, ¿qué crees que está bien del entramado institucional y político y qué crees que podríamos mejorar?

AH: En España funciona muy bien el sector de los altos funcionarios del estado. Tenemos gente muy competente y capacitada que hace magníficos informes, como los que hicieron los Inspectores del Banco de España en su día, pero, de nuevo, la colonización de las instituciones por los partidos políticos es un verdadero problema. Éstos han salido de su ámbito natural y lo han invadido todo: la justicia, los organismos reguladores, el Banco de España, la CNMV, el Tribunal de Cuentas y han eliminado la función de control. El problema de España no es tanto de profesionalidad sino de politización. Es un problema muy grave y de muy difícil solución, ningún partido está dispuesto a recortar los derechos adquiridos a lo largo del tiempo con la pasividad de la ciudadanía y con unos medios de comunicación muy mediocres.

Para mi lo grave es que tenga que ser un partido político pequeño como UPyD el único que presente querellas, que no haya fiscalías que lo hagan. Eso es lo desolador de España.

EHB: Si trabajas en el Congreso, tienes quizás una idea de cómo ejercen la presión determinados grupos de interés en los proyectos de ley ¿Cómo es vuestra relación con ellos?

AH: Nos reunimos con todo el mundo. Tomamos nota de las propuestas, nos sirven mucho para hacer nuestro trabajo. No tenemos prejuicios. Intentamos defender las cosas alejándonos de ideologías. En España la política se ha construido con prejuicios. Nosotros, sin embargo, intentamos valorar las cosas en función de los argumentos.

Tenemos un equipo reducido de 12 personas. Tenemos un asistente por cada diputado y un jefe de gabinete. Pero tenemos unos grupos de trabajo distribuidos por distintos sectores: economía, justicia, energía, que son los que dan esa asistencia a los diputados. La gente que colabora con nosotros son personas altruistas que no quieren figurar. Es gente de confianza que colabora a nivel profesional sin querer que sus nombres aparezcan.

EHB: Siempre que hablamos de Grupos de Presión surge el eterno dilema de interés general, interés privado…

AH: En España predominan los intereses regionales sobre el interés general. Los diputados de UPyD representan el interés de España.

EHB: ¿Cuál es el interés de España?

AH: Que no haya cuotas, que hay cosas que hay que distribuir de acuerdo a criterios racionales.

EHB: Publicáis la agenda de las reuniones que tenéis en el Congreso con los lobbies. ¿De quién fue esa iniciativa?

AH: Esto surgió a raíz de un informe de una asociación de transparencia. Nos plantearon esta posibilidad y nos pareció una buena idea. Tenemos una conciencia muy grande hacia la transparencia. UPyD, por ejemplo, es el único partido que ha publicado su presupuesto electoral. También queríamos publicar las nóminas de los diputados y presentamos una iniciativa, pero fue rechazada. Hay un oscurantismo que afecta a todo.

EHB: ¿Te preocupa la transferencia de soberanía a Bruselas de cara al poder del Congreso?

AH: No. El debate parlamentario no se ha empobrecido por pertenecer a Europa, sino por la baja calidad democrática en España. El congreso es absolutamente anacrónico. El procedimiento es muy rígido. Empecé con mucha ilusión abriendo los debates, pero es un procedimiento tan encorsetado que le quita toda la frescura. Está en marcha una propuesta de reglamentación del Congreso. Nosotros hemos hecho un estudio de derecho comparado de todos los parlamentos y hemos presentado una propuesta de reforma de reglamento del congreso. Si nos lo tomáramos en serio habría un cambio muy importante.

Mi idea es que ni tiene por qué Europa acabar con todas las competencias ni al revés, ni tenemos que ir hacia un proceso de europeísmo. Tenemos que hacer un reparto de competencias basado en la eficiencia, no en ideologías.

Por otro lado, hay que implicar a los ciudadanos en el proceso europeo. Parece que Europa está sólo para lo malo, y ahí han tenido mucho que ver los gobiernos nacionales, para quitarse responsabilidades. Para nosotros Europa es la salvación. Es nuestra vía de escape del bipartidismo de España, que todo lo esconde debajo de la alfombra.

Más información en: http://lobby.blogs.ie.edu/#sthash.FYNPLq2P.dpuf

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