INFLUENCIA LEGÍTIMA

Donald Trump, ante el riesgo de una convención abierta

Elecciones Presidenciales en Estados Unidos

Desde que comenzó el proceso de elección del candidato republicano a las próximas elecciones presidenciales de noviembre en Estados Unidos, el pudiente empresario Donald Trump ha acumulado numerosas victorias electorales y apoyo entre las bases del partido. Su ascenso ha estado, no obstante, envuelto en todo tipo de polémicas, con comentarios suyos que han sido tildados de xenófobos o sexistas y con sucesos violentos ocurridos en varios de su mítines.

Además, los recientes triunfos de su principal oponente, el senador texano Ted Cruz, especialmente en Utah y Wisconsin, parecen sembrar ahora mayores dudas sobre el futuro de la candidatura de Trump. Todo gira en torno a una cifra: 1.237, que es el número que marca la mayoría de delegados de la Convención Nacional Republicana que han de votar a un candidato para ganar la nominación (del total de 2.472 delegados).

Hasta el día de hoy, Donald Trump cuenta con el apoyo de 743 delegados, Ted Cruz tiene 545delegados y John Kasich, gobernador de Ohio, suma 143. A la vista de estos resultados, Trump es el único candidato con posibilidades reales de llegar al guarismo mágico de 1.237 antes de la convención, que tendrá lugar en Cleveland (Ohio) entre los días 18 y 21 de julio. Es un objetivo difícil pero factible, que requeriría que el magnate neoyorquino ganara más del 60% de los 769 delegados que todavía están en juego.

Si Trump se dirige a la convención con un apoyo superior a 1.237 delegados, no hay más vuelta de hoja, él será el candidato republicano a las elecciones. Pero si no es así, tal y como parece actualmente, estaríamos ante una convención “negociada” o “disputada” (“brokered” o “contested”, en inglés). Una convención de este tipo no sería nueva en la historia americana, aunque hace más de medio siglo que no ocurre, ya que las últimas fueron en 1948 en el bando republicano y en 1952 para los demócratas. En un escenario de convención disputada, el abanico de alternativas que se abre es enorme y el resultado final se vuelve totalmente incierto.

En una convención de esta naturaleza se irán produciendo votaciones hasta que un candidato alcance el apoyo mayoritario de 1.237 delegados. La cuestión central radica aquí en el comportamiento de dichos delegados y su obligación –o no– de votar en función de los resultados de las primarias en sus estados de origen. Así, aunque hablemos formalmente de que un candidato ha ganado un cierto número de delegados, estos no son escogidos por dicho candidato ni le pertenecen. Además, las reglas de comportamiento de los delegados son diferentes para cada estado, lo que hace más confuso e impredecible el proceso.

En la primera votación de la convención, alrededor del 95 % de los delegados debe seguir lo decidido por el voto popular en las primarias de sus respectivos estados, y solo el 5% son libres de apoyar al candidato que deseen. Estos delegados libres provienen de territorios que han decidido no celebrar elecciones primarias –como es el caso de Colorado o Dakota del Norte– o de aquellos estados (por ejemplo, Luisiana) que liberan automáticamente a los delegados conseguidos por candidatos que ya se han retirado de la contienda, como Marco Rubio o Jeb Bush.

Es en esta primera votación cuando Trump, si ha conseguido un apoyo significativo en las primarias con un número cercano a los 1.237 delegados, puede presionar a este grupo de delegados libres para que voten por él y le otorguen la mayoría, atendiendo al sentimiento de las bases del partido.

Si Trump no tiene 1.237 delegados y tampoco consigue convencer a un número suficiente de delegados libres para conseguir la mayoría, se celebraría una segunda votación en la que el 57% de los delegados, de más de 30 estados, pasarían a ser libres. En una tercera votación, el porcentaje de delegados libres para votar al candidato que prefieran aumentaría hasta el 81%. Por ejemplo, los delegados de California están obligados a votar según los resultados de las primarias de su estado durante las primeras dos votaciones, y los de Florida durante tres, pero luego quedan liberados para votar por quien les plazca.

El riesgo para Donald Trump está en que su candidatura no es del agrado del establishment del partido, que no confía en que pueda ganar las elecciones y piensa que además es una amenaza para perder también las actuales mayorías en la Cámara de Representantes y en el Senado. Por tanto, a medida que se vayan sucediendo las votaciones y los delegados se liberen, Donald Trump puede ver peligrar su nominación.

La razón es que alrededor de tres cuartas partes de los delegados que acudirán a la convención son escogidos por los comités estatales del partido entre militantes y organizadores locales, sin ninguna intervención de los candidatos a los que deberán votar, por lo que pueden tener preferencias divididas. En otras palabras, aunque las reglas del partido obliguen a los delegados a votar por un candidato determinado –ya sea durante una, dos o tres votaciones–, estos pueden ser más afines a otro y cambiar su voto tan pronto como sean liberados.

Sin embargo, esto no quiere decir que el panorama pinte mucho mejor para Ted Cruz en una convención disputada. El senador texano se ha declarado a sí mismo “anti-establishment” y su principal respaldo viene de la mano de los ultraconservadores del Tea Party, de forma que tampoco cuenta con grandes simpatías en el aparato del partido ni entre sus compañeros legisladores.

Es por ello que los expertos han apuntado la posibilidad de que surja durante la convención un nuevo candidato, una especie de “caballero blanco” que pueda rescatar al partido de sus divisiones internas y unificarlo en torno a su figura. En su día salió el nombre de Michael Bloomberg, ex alcalde de Nueva York, aunque ya ha manifestado que no tiene intención de presentarse, y ahora se habla de Mitt Romney, candidato presidencial a las elecciones en 2012, o Paul Ryan, actual Presidente de la Cámara de Representantes y candidato a vicepresidente en 2012. No obstante, este último ha negado categóricamente en varias ocasiones que vaya a concurrir como candidato en una convención disputada.

Con motivo de la complejidad que puede suponer la convención, los comités de campaña de los principales candidatos ya están poniendo en marcha equipos con el objetivo de controlar y recabar apoyos entre los delegados que asistirán a la convención. Así, Trump ha contratado recientemente un asesor, Paul Manafort, cuya labor consiste en “supervisar, gestionar y ser responsable de todas las actividades relativas al proceso de delegados del Sr. Trump y a la Convención de Cleveland”, según un comunicado de prensa.

La cosa se complica aún más si tenemos en cuenta que todas las normas de funcionamiento de la convención republicana pueden ser modificadas antes de que comience la misma, dejando sin sentido todo lo explicado hasta ahora. Las reglas de cada convención son definidas en última instancia en la misma convención por sus participantes. De esta forma, teóricamente, cualquier regla podría cambiar, incluso hasta el punto de permitir a los delegados liberarse inmediatamente para votar por cualquier candidato desde el principio. Este ejemplo concreto es poco probable, pero es una muestra de la confusión y la incertidumbre que pueden rodear a una eventual convención disputada.

En definitiva, si Donald Trump no consigue un apoyo popular suficiente en las elecciones primarias que quedan (más de 15 estados) que le permita alcanzar el número de delegados necesario, o una cifra muy cercana, el sistema de democracia indirecta que supone la elección del candidato mediante el voto de delegados puede arrebatarle la nominación. Pero, ¿qué validez tiene el proceso democrático de primarias si al final los representantes designados por el partido pueden acabar escogiendo a otra persona diferente a la que ha votado la gente? El debate está servido.

Por otro lado, en España siempre nos fijamos en las primarias americanas a la hora de exigir mayor participación de la ciudadanía en la elección de nuestros líderes políticos, y una convención disputada aportaría muchas lecciones y experiencias para enriquecer la discusión.