INFLUENCIA LEGÍTIMA

Españoles Embriagados de Transparencia

La corrupción no solo se combate con transparencia. El reto es mucho mayor.

(Publicado en el especial de ETHIC- Marcas con Valores, septiembre 2016)

“La corrupción se siente, pero no preocupa en exceso.” Este es un titular de Cinco Días de mayo de 2007. El artículo se hacía eco de los resultados del Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, donde España había quedado por debajo de su 7 habitual como consecuencia de los escándalos urbanísticos que comenzaron a dejarse ver aquel año previo al estallido de la crisis financiera. Pero en aquella época de “vacas gordas” los temas de corrupción parecían importar bastante poco a los españoles. “Sólo un 2% los cita cuando se le pregunta por los problemas más graves de España,” explicaba el periodista.  Otro de los detalles del artículo que llaman la atención es la referencia que el periodista hacía a la falta de políticas anticorrupción en el IBEX-35. Una situación calificada por la propia Transparencia Internacional como de “deprimente.” Por aquel entonces, señalaba el artículo, en países como Estados Unidos o Reino Unido, un 90 por ciento de las 500 mayores empresas gozaban de códigos de conducta contra la corrupción.

Casi una década ha pasado desde entonces. Y en este tiempo, los españoles hemos sido testigos del desmoronamiento de todo aquello que nos ofrecía una cierta garantía de estabilidad. El libre mercado nos azotó de lleno con una crisis financiera sin precedentes, que se llevó consigo parte del estado de bienestar, y con él esa sensación de seguridad y de progreso con la que nos habíamos acostumbrado a vivir, sobre todo en las décadas de los 80, los 90 y los primeros cinco años del siglo XXI. Mientras la crisis hacía sus estragos, se precipitaba un trasvase de riqueza hacia las economías emergentes. Nos quedamos en calzones, como dicen a veces. Y entonces los españoles sufrientes ante un presente de despidos, desahucios y desempleo, un presente desprovisto de esa riqueza mal gestionada que nos había cegado hasta la fecha, comenzamos a prestar más atención a la corrupción de empresarios y políticos. Los españoles comenzamos a protestar ante la opacidad. Queríamos ver qué se había hecho con ese conjunto de promesas de prosperidad disueltas. Comenzamos a demandar transparencia.

Como muestra el gráfico de más abajo, el número de artículos sobre transparencia en los titulares de los principales medios de comunicación de nuestro país ha registrado un aumento de casi el 60 por ciento entre el 2007 y el 2015. Y el número de artículos donde se asocia el fenómeno de la transparencia a corrupción se ha disparado casi un 80 por ciento en el mismo periodo.

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Más abajo recogemos la evolución del volumen de temas ligados a la transparencia en artículos de prensa entre el año 2007 y el año 2015. El tema de la corrupción se ha convertido en un tema mucho más predominante a la hora de hablar de transparencia. Ha pasado de estar a la cola de los temas prevalentes cuando la prensa hablaba de transparencia en el 2007 a la cabeza de los mismos en 2015.

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Estos datos son prueba de cómo a lo largo de este periodo de tiempo hemos sido testigos de la gestación y evolución de una cultura de transparencia ligada a combatir la corrupción que muchos no creían posible en España en la época previa a la crisis. Hemos presenciado un debate abierto en materia de transparencia que culminó con la aprobación de la Ley de 2013; un debate donde predominaron los conceptos de “lobbies” y “puertas giratorias”, que progresivamente se han convertido en parte de nuestro acervo público. Hemos visto cómo la CNMV impulsaba todo un conjunto de reformas en materia de gobierno corporativo que exigían al Ibex-35 publicar aspectos otrora inéditos ad infinitum. Hemos escuchado a perfiles como el de Elvira Rodríguez, la presidenta de la CNMV, decir en foros públicos “creemos en la potencia preventiva de la transparencia.”

Pero la gran cuestión ahora es qué hacer con toda esta transparencia. Nos debemos preguntar hacia donde nos está llevando esta cultura de “sobretransparencia”. Para algunos filósofos y visionarios actuales, la transparencia es necesaria en equilibrio, pero no suficiente. Necesitamos más madurez social para construir algo bueno a partir de toda esta desnudez. La transparencia no puede ser un sustituto del comportamiento ético genuino, de unos valores o una moral que nos conducirían a hacer las cosas bien aun cuando nadie nos estuviera mirando. Aquí reside el verdadero y próximo reto social. De lo contrario, andaremos simplemente embriagados de transparencia.

 

Entrevista a Daniel Innerarity

Elena Herrero-Beaumont entrevista al filósofo vasco

(Publicado en Ethic 26 2016. Fotos de Juantxo Egaña)

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Es filósofo de vocación y político de experimento. Daniel Innerarity (Bilbao, 1959) es una rara avis intelectual que nos está ayudando a interpretar mejor el caos de una sociedad «exasperada», como la califica él, y también a entender un entorno político donde emergen nuevos ejes más allá de la izquierda y la derecha. Nos recibe en el corazón de la Parte Vieja de Donostia.

Dices que uno de los problemas de nuestro sistema político es que ponemos mucho el foco en el candidato y en las campañas, y poco en el gobierno y en la gestión.

Hay una ruptura entre tecnocracia y populismo más radical en nuestra cultura política que la ruptura entre derechas e izquierdas. Los partidos se van a posicionar como por ejemplo en Italia, donde hay dos partidos populistas y dos partidos tecnócratas, y dos de derechas y dos de izquierdas. Dicho esto, la promesa tecnocrática era creíble antes, ahora no. Desde el punto de vista de los resultados, este Gobierno no puede ofrecer un balance muy bueno…

¿Cómo crees que ha gestionado el Ministerio de Economía la relación con los mercados?

A mí, el lenguaje guíndico me resulta incomprensible, por no decir insultante. Me parece una falta de respeto total a la gente. En estos momentos no puedes hacer una política económica que la gente no entienda. La política económica la tienen que entender los mercados y también las personas. Que la aceptación de Europa sea tan baja se debe, en buena medida, a que Europa está resultando incomprensible para la gente. Y está resultando incomprensible porque delegamos todas aquellas cuestiones que nuestra democracia electoral no permite si no queremos darnos una bofetada en las elecciones. En el fondo, es una cosa muy típica de este país, la desresponsabilización. En Euskadi tenemos un sistema fiscal propio que implica una asunción de responsabilidad.

¿Cómo un hombre como tú, que habla de la heterogeneidad y del bien del otro, puede ser nacionalista?

Si por nacionalismo entendemos espacios autárquicos, insolidarios, xenófobos, homogeneidad cultural y política, yo no comparto ese punto de vista. Defiendo un nacionalismo cívico, una identificación con una comunidad en la cual están antes las personas que las naciones. Hay mucha gente que cree que no es nacionalista y lo es. La gente más nacionalista que he conocido en mi vida han sido los antinacionalistas. Esa gente furibunda detrás de la cual percibes una obsesión por la identidad, una irritación con los temas de identidad. La pertenencia nacional hay que secularizarla.

Si no es tan importante la nación, sino la persona, ¿por qué proteger a la nación?

Porque una nación puede ser una experiencia de solidaridad especialmente intensa. Decía un político alemán que, para él, Baviera era su identificación emocional, Alemania su identificación en términos de solidaridad y Europa su identificación en términos democráticos.

¿Por qué tanta identificación con el nacionalismo existiendo tantos otros problemas?

Sí, estamos dedicándole demasiado esfuerzo y energía. Pero, a la vez, la nación es el lugar al que vuelves, son tus raíces… Ha habido nacionalismos en la historia que han sido muy integradores y han construido ámbitos de solidaridad. La palabra ‘nacionalismo’ es una palabra neutra.

En España no creo que sea una palabra neutra…

Sí… Hay nacionalismos cívicos y hay nacionalismos agresivos. Hay nacionalismos que han luchado por la democracia en este país.

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¿Crees que es la ejemplaridad de los líderes la que verdaderamente inspira a un sistema democrático?

Hay dos obsesiones en la cultura contemporánea que nos impiden avanzar. Hay una obsesión con la moral a costa de lo cognitivo, y hay una obsesión con el elemento individual a costa de lo organizativo. Si confiamos demasiado en el liderazgo individual, probablemente estemos dejando un espacio para el mal liderazgo individual. El sistema político tiene en la cumbre a los políticos, que están en permanente choque con los funcionarios. ¿Para que sirven los políticos? Para superar el conservadurismo de los funcionarios. ¿Para que sirven los funcionarios? Para superar la frivolidad de los políticos. En ese choque, en esa fricción, ganamos todos. Me parece que lo que hay que hacer es poner sistemas de compensación anticíclica, que no hemos sido capaces de crear. Pero es que, además, hay demasiado acercamiento moral hacia la realidad y enseguida buscamos un culpable, imputamos una responsabilidad, pensamos que hay buenos o malos, cuando la mayor parte de nuestros problemas se deben a que hay una ignorancia sistémica. Para eso hace falta una gran movilización cognitiva de la sociedad. En este escenario de inteligencia distribuida hace falta poner a mucha gente a trabajar porque, además, se da la circunstancia de que no necesariamente el que más poder tiene es el que más sabe. Saber o no saber, esa es la cuestión. Mejoremos individual y sobre todo colectivamente nuestra relación cognitiva con la realidad.

Los gobernados en muchos casos tienen más información que los que gobiernan. ¿Qué opinas de los ‘lobbies’? ¿De la interacción entre lo público y lo privado? ¿Qué es interés privado y qué es interés general?

Los lobbies son las empresas farmacéuticas, por ejemplo, pero Cáritas también lo es. Se está produciendo un fenómeno de autoorganización de la sociedad al margen del sistema político que está haciendo obsoletos e ineficaces los sistemas de ‘ordeno y mando’ de la jerarquía estatal. Se están autoorganizando los empresarios, pero también los anarquistas de la CUP. O los gobiernos son capaces de favorecer esa autoorganización y dirigirla de una manera que sea equilibrada o chocarán con la resistencia de la sociedad. No es una tesis neoliberal, que no soy neoliberal, ni tampoco anarquista. Sino que creo que ha aparecido un nuevo eje de identificación en nuestra sociedad contemporánea: queremos organizarnos a nosotros mismos. Y no toleramos sistemas jerárquicos de decisión. La idea de apretar un botón y hacer un decreto ley no está a la altura de la complejidad de la sociedad. Un gobernante tiene una responsabilidad sobre el conjunto de la sociedad. ¿Cómo articulas esa idea de implicar a la gente y al mismo tiempo no dejar la decisión en manos privadas? La única manera es favorecer a la sociedad la reflexión sobre sí misma.

Eso es utópico.

Es utópico, pero es fantástico. Si yo quiero regular el mundo financiero y el mundo del deporte, tengo que lograr que ambos colaboren conmigo en la tarea de la regulación y entiendan que ellos mismos están generando riesgos… Dominique Strauss-Kahn decía que cuando estaba en el FMI había altos directivos de Wall Street que le decían: «Por favor, contrólenos» (siempre me he acordado de que a él podrían haberle controlado también un poco…). Los seres humanos necesitamos sistemas que nos impidan hacer lo que queremos. Suena muy bruto, pero es así. Sistemas que me ayuden a ver que hay ciertos riesgos que pueden ser autodestructivos.

¿Está la ciudadanía española preparada para escuchar este mensaje de autogobierno? No tenemos esa cultura en absoluto.

Seguramente no. Yo creo que la experiencia política fundamental es la impotencia, la dificultad de mover algo. Tenemos una limitación cognitiva, nuestros sistemas políticos saben muy poco para lo que tienen que hacer; tenemos una limitación en relación con el poder (el poder de «yo te mando a ti» es un recurso muy pobre de gobierno y tiene un recorrido muy pequeño); tenemos una limitación de dinero.

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¿Qué opinión tienes de los medios de comunicación en España?

Los medios de comunicación son más necesarios que nunca en la actual situación, en la que necesitamos reducciones significativas de la complejidad. Es una ilusión pensar que la ciudadanía pueda hacerse una idea de lo que está pasando, tomar decisiones, eso no puede alcanzarse sin la colaboración de los medios. Y yo creo que en estos momentos los medios están dedicados al detalle escabroso, a la anécdota, están construyendo un régimen de negatividad. Por poner un ejemplo: hay pocos análisis buenos, al menos yo nos los conozco, de cuáles fueron las circunstancias que nos llevaron al rescate bancario en España, que nos costó un dineral y que lo estamos pagando. Y en cambio lo sabemos todo acerca del uso de las tarjetas black. Estamos convirtiendo la política en un espectáculo en el cual nosotros, los ciudadanos, nos estamos convirtiendo en mirones, facilitado por los medios de comunicación. Es una democracia ocular, donde somos losvoyeurs de un espectáculo que nos cabrea y nos indigna. De ahí mi cierta resistencia a darle demasiada importancia a la transparencia. La transparencia como obsesión y como única categoría de democratización se adapta bastante bien a este tipo de democracia que en el fondo es una democracia de poca calidad y que nos coloca a nosotros mismos en espectadores que estamos contemplando un espectáculo.

Por defecto hemos asumido que los sistemas son corruptos, de ahí la necesidad de ser transparentes.

¿Tenemos un problema: que los políticos nos estén ocultando algo cuyo desvelamiento aclararía todo lo que nos está pasando? ¿O más bien tenemos un problema de confusión colectiva? Ha pasado lo primero; vamos camino de corregirlo, pero lo segundo es una batalla que estamos librando más a largo plazo, es una batalla de construcción de la voluntad política, más complicada. Los sistemas de decisión necesitan espacios discretos. ¿Cómo han reaccionado los políticos al mundo de la transparencia? No diciendo nada, acartonando su discurso. Es un discurso hueco y banal.

Con la irrupción de los nuevos partidos, ¿crees que estamos en la transición hacia un modelo mejor?

Hay todavía ciertas estrategias que aspiran a una reedición del bipartidismo con otros actores. No nos creemos la diversidad interior, ideológica, nacional, cultural, religiosa sexual, lingüística… Mientras no sintamos como propia la diferencia del otro, no estaremos avanzando realmente nada en términos de unidad. Porque la unidad va a ser a través del reconocimiento de la diferencia. Y la represión de la diferencia no construye nada positivo.

Así que no crees que se vaya a consolidar un sistema multipartidista en España.

Podría ser… No digo que no. Hay mucho fenómeno de burbuja, pero vamos a pasar unos años con más actores políticos, más equilibrados entre sí, teniendo que hacer operaciones más sutiles, yo creo que eso es indudable.

¿Qué opinas de la Ley de Educación que se aprobó en la pasada legislatura y cómo aspirar a educar a los jóvenes del futuro?

La sociedad en que vivimos y su complejidad requiere que se institucionalice la inteligencia colectiva, que lo que todos nos preguntamos de vez en cuando, a altas horas de la madrugada después de haber bebido un poco, por el sentido de la vida, del amor, de la belleza… lo haga gente de manera sistemática. Eso lo hacen los filósofos y otras muchas profesiones. Pero se ha impuesto una lógica del beneficio, de la rapidez, de la performance, que ha estigmatizado la reflexión como una pérdida de tiempo. La utilidad de lo inútil.

El despertar de la sociedad civil en España

¿Cómo desarrollar Legitimidad Social en el entorno de no mercado?

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Siempre se ha dicho que no teníamos sociedad civil en España. Nos lo decíamos nosotros mismos, con ese “quejío” de bar tan característico español. Pero también nos lo decían los que venían de fuera. Victor Mallet, el corresponsal del Financial Times de 2008 a 2012, se sorprendía de ver la escasa presencia e independencia de los think tanks, los intelectuales y los líderes de opinión en nuestro país. Y cuando lo ponía sobre la mesa con la, a su vez, característica sorna del inglés intelectual que nos mira por encima, a mi me dolía, porque era una verdad contrastada, y no una verdad cualquiera. Una verdad de la que depende un tercio de nuestro verdadero desarrollo democrático.

Pero a lo largo de los últimos cinco años, hemos ido viendo cómo la sociedad civil se ha ido despertando, desperezando y estirando. Quizás podamos hablar del 15M como origen del movimiento ciudadano en España. Un movimiento que ha tenido unos años de silencio y que ha vuelto a la trinchera política en las pasadas elecciones autonómicas y municipales que vieron consagrarse en alcaldesas de Madrid y Barcelona a una jueza desligada del entorno político del momento y a una activista social. Las diferentes iniciativas ciudadanas del 15M fueron incluso pioneras en el mundo entero, inspirando otros movimientos ciudadanos en Estados Unidos como Occupy Wall Street. En esta ocasión, España lideraba al mundo anglosajón.

Pero la sociedad civil de un país va más allá de un movimiento ciudadano. En Vinces hemos identificado seis categorías de stakeholders con suficiente presencia y poder como para articular las diversas demandas sociales y definir la agenda social frente a los poderes públicos y las compañías. Son las impulsoras de lo que llamamos Advocacy: Asociaciones de intereses (empresariales, sindicales, de consumidores, etc.); ONGs y Fundaciones; think tanks; medios de comunicación y foros; comunidades e influencers digitales; y escuelas de negocio y universidades.

De estas plataformas depende, como decíamos, un tercio de nuestro desarrollo democrático. Los otros dos tercios les corresponden a las empresas y al mercado y al estado. La forma del triángulo integrado por “Estado, Empresas y Mercado y Sociedad Civil” determina la calidad democrática de un país. Podríamos decir que nuestro triángulo, el español, era como una pirámide invertida, donde el proceso de toma de decisiones lo lideraban en la cúspide de esa pirámide decisores públicos y algunos decisores empresariales privilegiados. Pero ese triangulo se está invirtiendo para recuperar su forma natural.

Si algo bueno nos ha traído la crisis económica, es que se mira más cómo se gestiona el escaso dinero público. Los ciudadanos quieren saber si ha habido corrupción en esa gestión, y los escándalos de corrupción han acelerado el descrédito ya existente de las instituciones del Estado y de las empresas y de los mercados. Unos y otros carecen de legitimidad social, entendida como la virtud de una institución de ejercer su poder disfrutando al mismo tiempo de la confianza y credibilidad de una sociedad que se ve afectada por su actividad.

El hecho de que la sociedad civil se haya erigido en actor influyente viene muy determinado por la tecnología. La tecnología ocupa un papel fundamental en este despertar. Gracias a la tecnología los ciudadanos pueden acceder a mucha más información sobre los temas que les afectan. Pueden conversar, colaborar, conectar y actuar de una manera mucho más transversal. La tecnología nos empodera, nos despierta, nos permite actuar.

El afianzamiento de la sociedad civil española está impulsando un cambio en el Estado y en las compañías. En la agenda política y regulatoria ya están temas que hasta hace dos años eran propios de la agenda social, como el movimiento que iniciaron ONGs como Intermon Oxfam para combatir la evasión fiscal por medio de la transparencia. El resultado de este movimiento es la demanda estatal a las compañías de desglosar su contabilidad nacional para lograr una imposición más equitativa.

Por su parte las compañías y el mercado, y sin perjuicio de que su objetivo fundamental y legítimo sea maximizar resultados en beneficio de los accionistas e inversores, comienzan a desarrollar un cierto liderazgo comprometido con las problemáticas sociales y medioambientales, o incluso nacen con el objetivo último de ofrecer soluciones a través de su propia actividad. En general, se están viendo obligadas a cambiar de manera radical su relación con la sociedad si quieren ser actores relacionados en un ecosistema donde emergen problemas que hasta ahora solo los estados y los organismos internacionales se encargaban de afrontar. Las compañías ya no pueden contemplar a sus consumidores como los contemplaban en los años 80 y 90. Ahora los consumidores son ciudadanos empoderados, que se identifican con unos valores. Los propios empleados de las empresas son ciudadanos empoderados. Las compañías por tanto, tienen que redimensionar su relación con la sociedad. Y esto va mucho más allá de la responsabilidad social corporativa. Estamos hablando de dimensiones como el poder, la legitimidad y la gobernanza.

Ante este contexto, desde el departamento de Advocacy de Vinces ofrecemos las herramientas de transparencia y participación como soluciones para tender puentes entre las empresas y la sociedad civil. Ayudamos a las compañías a construir esa legitimidad social, participando de ese advocacy o poder social impulsado por las plataformas sociales. Establecemos verdaderas estructuras de participación para alinear sus intereses con el interés común o general y avanzar en los temas que nos afectan a todos. En el siglo XXI, si una compañía camina en dirección contraria al interés general, tarde o temprano perderá su valor en bolsa. No es un tema solo de ética es un tema de rentabilidad.

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Visita nuestro canal de Youtube para ver el primer video relacionado con el despertar de la Sociedad Civil Española.

 

 

 

 

Transparencia en las patronales españolas.

Cuestión de vida o muerte.

(Publicado en mi Blogs “Rincón de Transparencia” ) 

Thomas Clarkson addressing the Convention of the Anti-Slavery Society at the Freemason's Hall, London. Original Artwork: Engraving by B R Hayden   (Photo by Hulton Archive/Getty Images)

Thomas Clarkson addressing the Convention of the Anti-Slavery Society at the Freemason’s Hall, London. Original Artwork: Engraving by B R Hayden (Photo by Hulton Archive/Getty Images)

“Las subvenciones han sido el gran cáncer de las asociaciones empresariales en España,” nos confesaba hace poco un profesional treintañero. Con la expectativa de comenzar a dirigir una de las patronales del país para poder articular de manera diferente los intereses de su sector, se quejaba de la falta de profesionalidad que ha caracterizado la gestión de estas asociaciones a lo largo de buena parte de nuestra joven democracia. Y concluía que el dinero público fácil ha impedido en gran parte el desarrollo de una estructura de representación más democrática, transparente y eficiente.

El artículo 7 de nuestra Constitución establece que las asociaciones empresariales nacen para promover los intereses económicos, en libertad, y con una estructura interna democrática. Es bien sabido que la mayoría de las patronales nacieron justo antes de 1978 con unas estructuras cerradas de representación y muy lejos de las dinámicas del asociacionismo anglosajón, caracterizadas por una mayor independencia con respecto al Estado por estar financiadas exclusivamente por las aportaciones de los socios. Las patronales anglosajonas, cuyo origen se remonta al siglo XIX, han venido cumpliendo un papel fundamental en la historia económica de estos países. Nacieron con la triple funcionalidad de servir de polos de intercambio de ideas e información sobre los retos del sector; crear espacios de conexión entre sus miembros; y ejercer la representación y defensa de sus intereses ante los decisores públicos.

Pero en la era de internet, estas funciones se han ido diluyendo vertiginosamente y las asociaciones tanto españolas como anglosajonas se están quedando vacías de contenido. Corren el riesgo de convertirse en “instituciones cáscara”, utilizando la expresión que acuñó el sociólogo británico Anthony Giddens en su libro ‘Runaway World: how globalization is shaping our lives‘, en referencia a instituciones tradicionales como la familia o el estado que se ven impedidas para cumplir con sus funciones originales.

La transparencia y la participación

En vista de este panorama y ligado al descrédito en el que se encuentran muchas de las instituciones de nuestro país, la única salida posible para las patronales es desarrollar verdaderos mecanismos de transparencia en la gestión y de participación de sus miembros.

Ya en el 2009 la autora norteamericana Rebecca Rolfes recomendó algo similar en su libro ‘The Competition Within: How Members Will Reinvent Associations‘.

Rolfes hablaba de la necesidad de crear estructuras participativas “de abajo a arriba” a través de las redes y de internet, así como de generar contenidos verdaderamente relevantes para sus asociados y para el sector, es decir, convertirse en verdaderos líderes de opinión. Y en abril del año pasado, la expresidenta del Tribunal Constitucional y Catedrática de la Universidad Complutense, Mª Emilia Casas Baamonde, expresaba en su análisis exhaustivo ‘Transparencia de los sindicatos y de las asociaciones empresariales‘ la necesidad de que sindicatos y patronales cubrieran las “insuficiencias [de la ley de transparencia] abriendo aspectos esenciales de sus funciones y actividades, y los diferentes de su régimen económico, al conocimiento y control de los ciudadanos para reforzar su democracia interna y su legitimidad democrática, tarea que han de acometer con urgencia.”

Ahondando un poco más en esto, sin extenderme demasiado en la complejidad jurídica, Emilia Casas deja claro en su análisis que la ley de transparencia llega tarde, y, que en el caso de sindicatos y patronales, genera confusión sobre qué obligaciones son verdaderamente aplicables. Según la interpretación de la jurista, la ley tan sólo exige a las patronales publicitar en sus webs la información relativa a su estructura institucional y organizativa y a los contratos, convenios y subvenciones que hayan firmado y recibido con y de las Administraciones Públicas.

La transparencia voluntaria: más allá de la norma

Por tanto, una primera conclusión para las patronales es que la ley de transparencia no debería ser la única referencia para el desarrollo de un nuevo modelo de transparencia, cuya finalidad última debería ser la de recuperar la efectividad y la legitimidad real de las asociaciones empresariales ante sus socios y ante la sociedad. En este sentido hay margen para que las patronales publiquen voluntariamente información relativa a los presupuestos, las cuentas anuales, las retribuciones de los altos cargos, las declaraciones anuales de bienes, los planes estratégicos y programas anuales con fijación de objetivos, de actividades, de medios y de calendarios específicos y la evaluación periódica de su cumplimiento.

Ese ha sido el caso de la CEOE, que ha llevado a cabo un ejercicio considerable de transparencia voluntaria en su portal de transparencia. “Nosotros lo publicamos todo, hasta los presupuestos” me confirmó recientemente José María Campos, el Director de Asuntos Jurídicos de la CEOE. “Queremos ser transparentes.” Este portal evidencia el esfuerzo modernizador que la principal patronal del país ha querido acometer en los últimos años de crisis institucional y económica.

La ley de transparencia ha impulsado un afianzamiento de iniciativas de transparencia de otras patronales como la FIAB y Adigital. Esperamos que progresivamente las asociaciones empresariales en España vayan desarrollando ese modelo de transparencia y participación amplio que, lejos de resultar una amenaza, constituirá su tabla de salvación.

La Transparencia del Nuevo Poder

Nuevas formas de poder están llegando a los escenarios políticos y sociales

El poder está cambiando. Frente al poder tradicional o antiguo, están emergiendo unas nuevas formas de poder. El poder antiguo se afianza en la propiedad, el control, el intercambio útil y la jerarquía. El nuevo poder se caracteriza por la participación, la transparencia, la co-creación, el compartir sin esperar nada a cambio, la horizontalidad, etc. Esto no quiere decir que las nuevas formas de poder vayan a sustituir a las antiguas. Quiere decir que las organizaciones y los gobiernos tienen que desarrollar y abrirse a nuevos modelos de participación que convivan con los más arraigados y tradicionales. Esta reflexión la lleva a cabo de manera brillante Jeremy Heimans, el fundador de Avaaz y de Purpose, en su artículo ‘Understanding New Power’.

En el caso español, el escenario político se ha fragmentado con la irrupción de los nuevos partidos. Las últimas elecciones municipales y autonómicas han conducido a nuevos parlamentos fragmentados, donde la aritmética parlamentaria exige una gobernanza a través de pactos de gobierno. Ejemplos como el de Manuela Carmena en Madrid y Ada Colau en Barcelona son los mejores exponentes políticos de las nuevas formas de poder. Con absoluta certeza, el nuevo Congreso resultante tras las elecciones del 20 de diciembreserá un congreso fraccionado, hasta tal punto que algunos analistas y expertos temen una situación de verdadera ingobernabilidad.

Las nuevas formas de poder están llegando a los escenarios políticos y sociales con una fuerza y una velocidad vertiginosas

En contra de lo que pudiera pensarse, para el sector privado y la sociedad civil este nuevo entorno político resulta favorable. El famoso lema de “Divide y vencerás” de Julio César y Napoleón cobra aquí nueva vida. La táctica parlamentaria se convierte en herramienta esencial para avanzar en marcos regulatorios favorables. Adicionalmente, la pluralidad de fuerzas políticas conduce a un escenario de competitividad sana (y por supuesto insana). Así lo expresó en un foro de transparencia y buen gobierno hace unos días el Embajador de Dinamarca en España, John Nielsen: “tenemos una cultura política basada en el consenso. Durante más de 98 años hemos tenido gobiernos de pactos y alianzas”. Según Nielsen, la pluralidad de partidos ejerce un contrapoder constante que ha propiciado una profundización de la democracia y una mayor transparencia frente al ciudadano.

Pero además de las nuevas formas de poder en el entorno político, vivimos un proceso deempoderamiento de la sociedad civil a través de la tecnología. Los ciudadanos ya no sólo consumen productos y disfrutan de servicios, sino que seleccionan aquellos que están más de acuerdo a sus valores. Aquellos productos asociados a temas vinculados a valores como la ética, la sostenibilidad y la transparencia gozan de mayor popularidad en el mercado. Un ejemplo paradigmático en España sería Ecoalf. En la línea opuesta, uno de los grandes talones de Aquiles de las empresas tecnológicas, que tanto han promovido los nuevos modelos de poder social y participativo, está siendo la opacidad en sus estructuras fiscales. Millones de ciudadanos europeos están comenzando a cuestionar la compra y el disfrute de sus productos y soluciones tecnológicas debido a esa opacidad.

Los ciudadanos ya no sólo consumen productos y disfrutan de servicios, sino que seleccionan aquellos que están más de acuerdo a sus valores

Ante este empoderamiento social, las empresas se ven obligadas a actuar, si bien no como Estados, sí desarrollando una actividad más sostenible, más comprometida con el entorno social y medioambiental. Como ejemplo de esta tendencia, es interesante que algunas empresas cotizadas estén vinculando el bonus de sus altos directivos a objetivos no sólo económicos, sino también éticos y de sostenibilidad.

En definitiva, las nuevas formas de poder, vinculadas a la transparencia y a la participación auguran a priori escenarios positivos para la sociedad en su  conjunto. Sin caer en un optimismo complaciente, sí que me parecía relevante compartir esta reflexión. Estaré muy abierta, sobre todo, al ‘feedback’ de los más pesimistas.

Lawrence Lessig ‘for President’

Un David para tumbar al Goliat del dinero en la política

(Publicado en Rincon de Transparencia, El Confidencial el 12.09.2015)

El profesor de Harvard y actual candidato a la Casa Blanca es un icono para los amantes del copyleft. Aspira a convertirse en el icono de los puristas del concepto original de democracia representativa.

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El profesor de Harvard y actual candidato a la Casa Blanca, Lawrence Lessig, es un icono para los amantes del copyleft. Ahora aspira a convertirse en el icono de los puristas del concepto original de democracia representativa. Para Lessig la gobernanza en Estados Unidos vive un proceso de degeneración por varios motivos, entre los que destaca como principal la forma en la que unas pocas familias financian a los dos principales partidos políticos del país. Muchos le califican de romántico, pero el aparentemente ingenuo académico no ha dudado en pasar a la acción. A principios de agosto sorprendió a sus seguidores y a las élites intelectuales del país con su propuesta de presentarse a candidato a la presidencia a la Casa Blanca con un único propósito: cambiar el sistema de financiación electoral. El lunes, Labor Day en Estados Unidos, logró el primer hito en su hoja de ruta hacia la Presidencia de levantar un millón de Euros a través de la plataforma online Kickstarter.

El personaje

El actual profesor de la Escuela de Derecho de Harvard, desarrolló una gran parte de su vida académica en Stanford, donde creó el Center for Internet and Society. Su defensa delcopyleft y de las llamadas licencias Creative Commons le convirtieron en la perfecta imagen de Internet. A lo largo de los últimos años su interés se ha desviado hacia un tema que considera de primera magnitud: cómo el dinero está pervirtiendo el sistema democrático norteamericano. El tema le llevó a escribir en 2011 un libro titulado Republic, Lost: How Money Corrupts Congress—and a Plan to Stop It (un pdf se puede descargar aquígracias, precisamente, a Creative Commons). Para Lessig ha llegado el momento de pasar de la historia y la teoría a la acción.

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El problema: El fenómeno del dinero en la política

De su manifiesto de hace unos días, Why I Want to Run que publicó el 11 de agosto en el Huffington Post, y que animo a leer, me quedo con este dato sorprendente: en julio, más de la mitad de la campaña electoral la habían financiado 400 familias norteamericanas. Lessig cita un artículo de los académicos Martin Giles and Benjamin I. Page “Elites, Interest Groups, and Average Citizens”
 donde ahondan en esta cuestión y en sus implicaciones, la principal es cómo un poder económico muy reducido canaliza toda la influencia en detrimento de la mayoría.

Este dato conecta con un episodio que se produjo pocos días después de su manifiesto en el primer debate televisado entre los candidatos republicanos donde Donald Trump dijo que el sistema estaba roto, “our system is broken“, y acusó a su contrincante Jeb Bush de ser una mera marioneta, “a puppet“, al servicio del poder económico de los llamados mega donantes “mega-donors”. En el mismo debate, Trump reconoció que financió a los Demócratas para comprar influencia. “When they call, I give,” dijo a los oyentes “And you know what? When I need something from themtwo years later, three years laterI call them. They are there for me.

Irónicamente, el otro candidato a presidente con el discurso más efectivo sobre la necesidad de reformar el sistema de financiación de partidos ha sido Trump

Irónicamente, el otro candidato a presidente que ha mantenido el discurso más efectivo sobre la necesidad de reformar el sistema de financiación de los partidos ha sido Trump. Es irónico porque ya se ve, Lessig y Trump están en las antípodas vivenciales e ideológicas, pero sin embargo comparten una misma agenda. Los dos denuncian la perversión del dinero en la política, y ambos gozan de una credibilidad que ninguno de sus contrincantes disfruta. Ninguno de los dos está sujeto a intereses privados: Lessig porque ha utilizado una de las vías más legítimas de financiación, desde un punto de vista democrático y social, que es levantar pequeñas donaciones a través de Internet y, Trump, sencillamente, porque es rico. Pero sus respectivas soluciones al problema son muy diferentes.

Su propuesta

Trump considera que tan solo deberían presentarse a Presidentes candidatos con el suficiente patrimonio como para poder gobernar con independencia. Es decir, tan sólo un candidato procedente de esas citadas 400 familias podría convertirse algún día en presidente de los Estados Unidos.

Lessig tiene una solución alternativa, una hoja de ruta,  que muchos (la mayoría) consideran ingenua e inviable. Así me lo expresaron varios norteamericanos con los que coincidí este fin de semana en un foro en Oxford. Para mi sorpresa, ni le conocían. “Elena, el 82 por ciento de los votantes norteamericanos ya tienen interiorizado que el sistema está pervertido y no consideran este hecho como algo digno de solución…It is just the way it is.

Pero su hoja de ruta vivió un hito real el pasado lunes, Labor Day en Estados Unidos, al superar el apoyo de un millón de Euros y los 8.700 donantes a través de la plataforma online Kickstarter.

El 82 por ciento de los votantes norteamericanos ya tienen interiorizado que el sistema está pervertido

Ahora que se confirma su candidatura (una candidatura de referéndum, como él la llama), Lessig aspira introducir en primera línea del debate electoral el tema de la necesidad de reformar el actual sistema de financiación política y lograr desarrollar una sociedad donde todos sus ciudadanos, con independencia de su poder adquisitivo, sean considerados iguales. De nuevo, irónicamente, Lessig considera que sus colegas Demócratas no le están ayudando a dimensionar el fenómeno tanto como Trump.

Como propuesta legislativa concreta, Lessig ha desarrollado el llamado Citizen Equality Actque es un paquete de medidas concentradas en tres pilares fundamentales. Lessig propone presentar dicho paquete en el Congreso el 1 de enero de 2016.

A Profile of POLITICO’s Ryan Heath

“Our goal is to get the EU sexy”

Ryan Heath defines himself as a writer on LinkedIn, but foremost he is quite a character. As POLITICO’s EU Correspondent he has the mission of “getting the EU sexy and make people feel attracted to it”. He sees the difficulties, but has accepted the challenge, and in a matter of seven months since he started this new venture he has become the most visible face of the new US kid on the EU’s media block.

Heath was born in Australia and graduated in Comms –politics and journalism in Sydney. As a first assignment right after college he worked on the political campaign of Australian singer-environmental activist-turned-politician, Peter Garrett. He then moved out to Oxford and faced the British entrenched elitism that made it hard for him to find a job easily. He ended up working for the British Labour politician, Peter Mandelson, who ultimately connected him with Neelie Kroes. For somebody who seems to enjoy confronting new challenges with short periodicity, sticking seven years (2008-2015) to the same post shows a strong commitment to the boss. He speaks highly of Ms. Kroes and shares anecdotes easily of the interesting time he had working on the controversial EU digital agenda. The experience ended up in his book, “Steelie Neelie: Neelie Kroes in Her Own Words”.

During this time, he says the most challenging issue he and his team faced was the banking crisis. Mainly because it was imbued with moral dilemmas: how come the ones who were doing things wrong were bailed out while the people who needed to be protected, the weakest, became the subsequent debtors? In spite of the historic fact of the EU public system rescuing the banks, Heath assures that the banking sector showed no leadership and, even worst, no vision of their responsible role when lobbying the EU Institutions.

And here comes the interesting side for modern Corporate Affairs professionals. For a political advisor and journalist like Heath, traditional lobbying (i.e., that trust amongst a few privileged gentlemen) is clearly no longer effective. There needs to be a specialized modernization of government affairs departments.

This trend at corporations consolidates against a backdrop of general political disaffection, both at a national and at a EU level. For Heath, trust in politics is going down and the way to sort it out is through scrutiny. Here it is where the media plays a crucial role, especially in the EU. “The additional problem with the EU is that everybody seems to be questioning its very existence on a daily basis.” For Heath the solution the media can offer to the EU’s various legitimacy problems is to move away from processes and put a face on it. “But it is hard to find EU stories that can start with a personal/human anecdote,” I pointed him out. And he responds that they are working on profiles of EU leaders that show this human dimension, like the one they wrote on Roberto Viola and his passion for the piano. He also sees the refugee crisis as the EU’s human story.

If the migration stuff is the story with the human angle, the power relationship between the EU institutions and the states is the story with the boring but crucial “process” side. For Heath, the narrative has changed and the immediate future is clear: the states are not going to yield more power to the EU. “The trend is to set limits of what the EU is doing”. In this context, for Heath the EU is an amalgam very confusing for anybody who is not inside the bubble. “You have to make an effort to understand.”

Precisely this difficulty of many understanding the EU ecosystem provoked the US editors at POLITICO to launch their outlet in Brussels, in addition to the obvious fact that Brussels has become the second center of power in the world, after Washington DC. “Beijing would be the third, but it is impenetrable,” Heath thinks aloud.

In September, the Directors of the International Executive Program on Government & Corporate Affairs at the IE Business School’s visited POLITICO’s new newsroom. This profile is the result of the visit.

Diputados, ‘lobbies’ y la violencia de la transparencia

Es necesario iniciar un debate de principios

“El imperativo de la transparencia hace sospechoso todo lo que no se somete a la visibilidad. En eso consiste su violencia,” asegura el filósofo Byung-Chul Han en su libro La Sociedad de la Transparencia. He elegido esta frase para inaugurar este blog donde reflexionaré sobre el alcance y el impacto del ubicuo lema de la transparencia en nuestra vida, sobre todo en nuestra vida pública.

Los españoles y también los europeos estamos siendo víctimas y testigos no solo de una crisis económica que nos ha mermado la confianza y la esperanza, sino de una crisis de valores, que se evidencia cada día debido a la creciente fuerza de este fenómeno que llamamos transparencia.

La transparencia cambia nuestro comportamiento. Es quizás la consecuencia más sencilla y rotunda del fenómeno. Cuando nadie nos mira actuamos de manera diferente a cuando nos sentimos solos. Por lo general, cuando nos miran actuamos de acuerdo a los valores socialmente establecidos. En el libro The Circle de Dave Eggers, se ilustra con eficacia el impacto de la transparencia en la conducta humana de los protagonistas. Y en línea con la frase de Han, el lector de The Circle sufre esa violencia derivada de una transparencia total.

Como en cualquier campo, en el equilibrio está la virtud. Aunque el nuevo lema de transparencia esté de moda, es preciso alimentarla hasta unos límites, de tal manera que se garanticen todos los valores democráticos en la vida pública. El encuentro de la transparencia con derechos fundamentales como la seguridad o la privacidad es un ejercicio perfecto de búsqueda de equilibrios.

Las democracias occidentales se encuentran en la búsqueda de ese perfecto equilibrio en la transparencia entre los lobbies y los diputados o aquellos que afrontan cualquier proceso de toma de decisiones. Estados Unidos lleva décadas en esa búsqueda y Europa comenzó más tarde. Transparencia Internacional, organización a la que pertenezco, ha publicado recientemente un informe, ‘El lobby en Europa: influencia encubierta y acceso privilegiado’, donde recoge el estado de la regulación del lobby en 19 países de la Unión Europea y en las propias instituciones europeas: Comisión, Parlamento y Consejo europeos.

Los autores del informe resaltan que seis de cada diez europeos consideran que su gobierno está indebidamente influido por unos pocos grupos de interés o lobbies, que definen como “cualquier comunicación directa o indirecta con representantes públicos o decisores políticos que tenga como objetivo influir en el proceso de toma de decisiones, y que se lleve a cabo en nombre de o por un grupo organizado”. Y clasifican tres pilares en los que debería apoyarse cualquier regulación óptima del fenómeno lobby: (i) nivel de transparencia en  la comunicación entre estos grupos o lobbies y los decisores públicos; (ii) nivel de integridad de los lobbies y de los decisores de acuerdo a códigos de conducta y su debido control; y (iii) nivel de acceso de los diferentes grupos sociales y empresariales al proceso de toma de decisiones.

Los resultados son desoladores al no existir, salvo en el caso de Eslovenia, Reino Unido y Lituania, ningún país con aprobado en ninguno de los tres pilares. La regulación del lobby en Europa ha obtenido una media de 26% en transparencia; un 33% en integridad y un 33% en igualdad de acceso.  En el caso de España, los niveles son aún más descorazonadores. Un 10% en transparencia; un 35% en integridad; y un 17% en igualdad de acceso.

La actividad extraparlamentaria de los diputados

A la luz de todo esto, las recientes informaciones sobre la actividad extraparlamentaria de determinados diputados suscitan muchas preguntas que deberían llevarnos a reflexionar y a proponer una regulación equilibrada. ¿En qué principio se fundamenta el derecho de los diputados a ejercer una actividad extraparlamentaria? En el caso de estar de acuerdo con el principio que justifica dicha actividad, ¿qué límites debería tener? ¿Es pertinente que la Agencia Tributaria y la Fiscalía Anticorrupción difundan a los medios de comunicación los datos de los contribuyentes cuando se trate de representantes públicos en fase de investigación?

El problema de España es que no hay un debate de principios sobre estas cuestiones. Es hora de abordarlo y exigirlo. Mientras tanto, mucho de lo que salga a la luz, nos resultará escandaloso, pero se enmarcará dentro de la normalidad de unas leyes que distan mucho de ser las idóneas para garantizar los valores democráticos. Esa violencia derivada de una excesiva transparencia, según alerta Han, está aún muy lejos de nosotros en nuestra vida pública.

(Artículo publicado el 9 de mayo de 2015 en mi nuevo blog en El Confidencial: Rincón de Transparencia)

Angel Gurría y Zanny Minton Beddoes

Frente a nuestros problemas de hoy, liberalismo de ayer

Convenio de colaboración entre Transparencia Internacional España y el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ)

El CGPJ hará públicos sus contratos, su actividad presupuestaria, así como los gastos, viajes y retribuciones de sus vocales

El Consejo General del Poder Judicial y la organización Transparencia Internacional han firmado hoy 2 de julio un Convenio de colaboración por el que el órgano de gobierno de los jueces se compromete a dotarse de una política de funcionamiento transparente acorde a los estándares nacionales e internacionales.

El CGPJ cumplimentará de forma inmediata, y en todo caso antes de su entrada en vigor el próximo mes de diciembre, las obligaciones establecidas en la Ley 19/2013 de Transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno y dará publicidad de forma clara y comprensible a la información sobre sus actividades, sobre sus altos cargos y personal y sobre convenios, contratos, actividad presupuestaria y control financiero que no esté incluida en las obligaciones que contiene la Ley.

El CGPJ también colaborará con Transparencia Internacional en las actividades de investigación y generación de conocimiento sobre corrupción y gobierno abierto en España.

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Por su parte, Transparencia Internacional asesorará al órgano de gobierno de los jueces en el diseño de programas de transparencia, rendición de cuentas y buen gobierno y fijará los indicadores que considere necesarios para el seguimiento y control de las actividades realizadas en esta materia.

Además, la organización evaluará anualmente el grado de cumplimiento por el CGPJ de los anteriores compromisos, modificando y/o ampliando en su caso los contenidos sujetos a publicidad activa e indicadores relacionados.

La información que el órgano de gobierno de los jueces se obliga a hacer pública con la firma del convenio incluye las actividades y los órdenes del día del Pleno y de las Comisiones, la ejecución presupuestaria, los contratos y subvenciones y la explicación del sistema de control de gastos del Consejo en relación con la actividad protocolaria y los viajes de sus altos cargos, así como sus retribuciones y las indemnizaciones que podrían recibir tras el cese en sus cargos.

La firma del convenio por el presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, D. Carlos Lesmes, y el de Transparencia Internacional España, D. Jesús Lizcano, ha tenido lugar el 2 de julio, a las 12,30 h. en la sede del Consejo, en un acto abierto a los medios de comunicación.