INFLUENCIA LEGÍTIMA

Los porqués de la Revolución Trump

Orígenes y evolución del fenómeno que ha transformado al partido republicano

La nominación de Donald Trump es ya una realidad. Él será el candidato republicano a las elecciones presidenciales del 8 de noviembre. Así lo aprobó la Convención Nacional del partido celebrada en Cleveland (Ohio) la semana pasada, pese a los intentos desesperados de última hora del sector opositor “Never Trump” de cambiar las reglas de votación para permitir a los delegados votar en conciencia y no según los resultados de las primarias.

Pocos creían en las posibilidades de Trump hace escasamente un año cuando anunció su candidatura, y muchos de sus comentarios y afirmaciones en los inicios de su campaña auguraban que el fenómeno Trump iba a ser algo pasajero y que su figura iba a colapsarse en sí misma, cual supernova. Sin embargo, un año más tarde, Trump se ha convertido en la cabeza visible del partido republicano y su posición ha salido reforzada tras la convención. Pero, ¿por qué se ha llegado a este escenario? ¿Quién ha permitido a Trump la conquista del partido frente al establishment que prácticamente de forma unánime se le oponía?

Ciertamente su principal apoyo y aval proviene de las urnas, por lo que la mejor manera de explicar la “Revolución Trump” es analizando el perfil de sus votantes y su evolución a lo largo de estos meses, atendiendo a los datos que arrojan las elecciones primarias y sus respectivas encuestas a pie de urna.

Trump comenzó su campaña con un discurso de alto calado populista, ahondando en las penurias económicas causadas por la falta de empleo, los efectos de los acuerdos comerciales y la inmigración. Ello estaba dirigido a un segmento electoral concreto: la clase trabajadora, especialmente blancos, en cuanto que colectivo que más había sufrido los efectos de la crisis económica y que más desencantado estaba con la política. El mismo Trump en alguno de sus discursos afirmó que amaba a la gente “poco cualificada”.

De esta forma, los datos de las elecciones primarias que se celebraron durante el mes de febrero demostraban que Trump obtenía los mejores resultados en aquellas zonas donde se aglutinaba el mayor porcentaje de trabajadores blancos sin educación superior y donde el nivel de renta había caído en los últimos años. Es decir, los condados con las tasas de desempleo y los índices de pobreza más elevados eran terreno abonado para que el discurso de Trump diera sus frutos.

A mediados de marzo, tras la salida de Marco Rubio de la carrera presidencial y cuando los simpatizantes de Trump eran cada vez más numerosos, se empezó a observar un cambio en el comportamiento electoral. De esta forma, en las siguientes primarias, Trump logró ganar en más condados con perfiles sociodemográficos más diversos, incluyendo colectivos que hasta entonces habían sido más reacios (ej. mujeres, hispanos, personas con educación superior, etc.). El hecho de acabar aunando el apoyo de una mayor variedad de grupos sociales, étnicos y demográficos permitió a Trump vencer con claridad en las primarias celebradas en abril y mayo y asegurar un número de delegados suficiente para la nominación.

¿Por qué ha conseguido Trump atraer a esos otros sectores republicanos? No han sido sus posiciones ideológicas, sino sus cualidades personales. Especialmente nos referimos a su autenticidad –por el hecho de que no atiende a la corrección política–, su rol de outsider que se ha enfrentado al sistema, y su posición económica privilegiada, en contraste con el papel preponderante que el dinero tiene en la política norteamericana reciente. Así, son muchos los adeptos a Trump que valoran que “dice lo que quiere”, “no puede ser comprado” y “no depende de las donaciones de millonarios o de grupos de interés que luego vayan a controlar sus políticas”.

En términos ideológicos, las encuestas a pie de urna de las primarias muestran que Trump empezó obteniendo mejores resultados con votantes republicanos que se identificaban como “moderados”, mientras que los “muy conservadores” se inclinaban por Ted Cruz, cuya campaña tenía un componente ideológico más fuerte basado en la defensa de los valores conservadores tradicionales.

De hecho, Trump es un candidato ambiguo, e incluso contradictorio en su línea ideológica. Por ejemplo, es muy conservador en políticas de inmigración, pero tiene una visión más liberal respecto al gasto social y a la política comercial. Por otro lado, ha radicalizado sus posturas en lo que respecta a derechos sociales y mantiene un discurso de política exterior y de defensa que mezcla componentes belicistas y aislacionistas. Un ideario tan heterogéneo, combinado con su carisma individual, ha provocado que al final los votantes republicanos hayan apoyado a Trump más por su persona que por sus ideas, lo que le permite llegar más fácilmente a votantes de un espectro ideológico más amplio.

No obstante, esta ambigüedad genera algunas situaciones kafkianas. Como botón de muestra, en sus intervenciones Trump ha manifestado su voluntad de que los ricos contribuyan más al sistema pero, a la vez, su programa incluye una rebaja fiscal para todos los niveles de renta cuyos mayores beneficiarios serían precisamente las rentas más altas (con una considerable bajada del tipo máximo del 39,6% al 25%).

En resumen, podemos definir la “Revolución Trump” como el proceso por el cual el magnate ha conseguido, con el uso de sus cualidades personales y un discurso populista ambiguo, movilizar a un número de votantes republicanos suficiente hasta el punto de doblegar a la estructura del partido y la voluntad de muchos de sus dirigentes.

Tras su nominación oficial, la batalla se traslada ahora al ámbito nacional, donde la mayoría de las encuestas publicadas a inicios de esta semana otorgan una ligera ventaja a Trump sobre Clinton, algo normal tras el efecto rebote producido por la celebración de la Convención Nacional. En todo caso, Trump es ya sin duda un candidato con posibilidades reales de ganar las elecciones y para ello cuenta con una base de votantes, simpatizantes y voluntarios muy movilizada y que acudirá masivamente a las urnas. La pelota está ahora en el tejado del partido demócrata, que ha celebrado su convención estos últimos días en Filadelfia (Pennsylvania), y cuyo principal reto es unificar a la formación en torno a Hillary Clinton y energizar a sus militantes para contrarrestar el empuje de Trump.

¿Cuántos votos harán falta para aprobar las leyes cuando empiece la Legislatura?

El impacto de la fragmentación política

Mañana 19 de julio, una vez se constituyan el Congreso de los Diputados y el Senado, se producirá el comienzo de la XII Legislatura. Las Cámaras comenzarán de nuevo su andadura con la elección de los miembros de las Mesas, incluidos sus Presidentes. A partir de ahí, se sucederán diversos pasos: constitución de los Grupos parlamentarios y de las distintas comisiones y, cómo no, la investidura del Presidente del Gobierno. Como ya explicamos anteriormente, hace falta mayoría absoluta en una primera votación (176 síes) o mayoría simple en una segunda votación del candidato (más síes que noes).

Acuerdo de investidura, acuerdo de gobierno, gran coalición, acuerdo de mínimos, pactos nacionales, geometría variable… Todos son conceptos muy utilizados en estos últimos días y que nos van a acompañar las próximas semanas. Uno u otro término van a definir la estabilidad o inestabilidad gubernamental, y también la mayor o menor facilidad para aprobar leyes. ¿Pero cuántos votos hacen falta para aprobar una norma con rango de ley? Lo cierto es que depende del tipo de norma con el que nos encontremos y del procedimiento de que se trate.

Pongamos por caso que estamos ante una ley de rango orgánico, es decir, aquella relativa al desarrollo de los derechos fundamentales y de las libertades públicas, la modificación de un Estatuto de Autonomía o del régimen electoral general, además de otras muchas que aparecen a lo largo del texto constitucional. En estos supuestos hará falta la mayoría absoluta (176 síes) en el Congreso de los Diputados. Distinto será en el caso de una ley ordinaria, incluyendo los presupuestos, donde bastará con la mayoría simple, es decir, que haya más votos a favor que en contra. Idéntica afirmación podemos realizar en el caso de los decretos leyes, para cuya convalidación bastará con que haya un número de votos favorables superior a los que resulten contrarios. La abstención va a tener un papel clave.

No obstante, había que tener en cuenta también los aspectos procedimentales. Por defecto, la tramitación de las leyes en el Congreso de los Diputados concluye en la fase de comisión, por lo que será necesario atender a la distribución de sus miembros en el nuevo escenario para ver cuál es el peso de cada Grupo parlamentario en estos órganos de trabajo. La proporcionalidad con respecto al reparto de escaños en el hemiciclo se respeta, pero no es exacta, por lo que unos repartos ajustados nos podrían llevar a equilibrios complejos.

A ello se añade el papel que pueden jugar los vetos interpuestos por el Senado en función de cuáles sean las mayorías en las Cámaras. Un veto exige de mayoría absoluta en el Senado (134 votos) y exige igualmente de mayoría absoluta en el Congreso para levantarlo o, si no se alcanza, de mayoría simple transcurridos dos meses.

Tabla aprobación de leyes

En definitiva – y esto es algo muy a tener en cuenta por los departamentos de asuntos corporativos de las organizaciones – la fragmentación parlamentaria va a dar lugar a negociaciones, a no dar nada por sentado, a que la introducción de una enmienda no se dé nunca por perdida, a unos resultados más impredecibles y, como venimos subrayando en los últimos meses, a un papel reforzado del Parlamento en una función, la legislativa, en la que más allá de la exigencia formal de aprobación, no había tenido en las últimas Legislaturas un papel significativo.

La presidencia eslovaca de la UE y el mercado único digital

Retos y obstáculos de los próximos seis meses

Desde el 1 de julio Eslovaquia ostenta la presidencia transitoria de la Unión Europea. Durante los próximos seis meses, al país le corresponde tomar el relevo de los holandeses y guiar a la Unión en la consecución de sus objetivos. Su programa de estos meses tiene cuatro prioridades: una Europa económicamente fuerte, un mercado único moderno, políticas de inmigración y asilo sostenibles y una Europa más comprometida globalmente.

Modernizar el mercado único pasa necesariamente por completar el mercado único digital o Digital Single Market (DSM), cuya estrategia presentó la Comisión Europea en mayo de 2015 con 16 iniciativas interconectadas y agrupadas en 3 pilares: acceso, regulación, economía y sociedad. Según cifras de la Comisión Europea, la consecución del DSM podría aportar hasta 415.000 millones de euros al año a la economía europea, además de crear empleo y transformar los servicios públicos. La recompensa es enorme pero también lo es el reto: existen diferencias abismales entre países de la Unión, pero de media, solo el 7% de las PYMES vendieron online a otros países en 2015 (frente a un 24% en su propio país), y un 41% de la masa salarial es digitalmente iletrada. En el caso de España, nuestro país destaca en e-governance, donde estamos creciendo en la implementación de la digitalización en la Administración pública, pero se echa en falta una digitalización en las PYMES que se calcula podría aportar al PIB 40.000 millones de euros.

Si bien en un principio se contaba con que las 16 iniciativas estuvieran completadas a finales de 2016, ya ha habido un retraso en varios dossiers. En mayo se presentaron cuatro propuestas, relativas al bloqueo geográfico injustificado (geoblocking), la protección de los consumidores, la propuesta de Reglamento para paquetería y las prácticas comerciales desleales. Se espera que en otoño se presenten las propuestas relativas a derechos de autor, telecomunicaciones y el IVA.  Habida cuenta de los retrasos, el Consejo de la Unión Europea, en sus conclusiones de la cumbre de junio 2016, pidió a la Comisión Europea que la estrategia estuviera implementada en 2018.

La presidencia eslovaca, que ostenta este cargo por primera vez desde que accedió a la UE, se ha encontrado con este retraso con el que debe lidiar como primer obstáculo. Se ha propuesto por tanto centrarse en impulsar las negociaciones de la propuesta legislativa en curso sobre el geoblocking y lanzar el debate sobre las propuestas del llamado pasaporte para proveedores de servicios (Services Passport) y la reforma del procedimiento de notificación para la Directiva de Servicios. Ahora bien, además de las dificultades habituales que conlleva intentar avanzar temas polémicos o donde entran en conflicto múltiples intereses a nivel europeo y nacional, los eslovacos pueden tener otro obstáculo en su camino. El resultado del Brexit parece que corre el riesgo de monopolizar las discusiones de los próximos meses y de ocasionar una parálisis de otros temas, más aún en temas digitales cuando son dos eurodiputados británicos, el socialdemócrata Claude Moraes y la conservadora Vicky Ford los que presiden dos comisiones clave para el ámbito digital, como son la del mercado único y la de libertades e interior. Sin embargo, en lo relativo a derechos de autor, algunos expertos afirman que es donde (casi) puede verse el lado positivo al Brexit: si Reino Unido se va de la UE, su tradicional liderazgo en oponerse al enfoque continental más pro-creadores podría allanar el camino a la consecución de un copyright europeo.

Sea como fuere, el proyecto del DSM simboliza a la perfección la complejidad de la Unión Europea y su objetivo último, que no es otro que acercar y mejorar la vida de 500 millones de ciudadanos, unidos por unos lazos históricos, culturales y comerciales muy fuertes. En palabras de la presidencia eslovaca, la libertad de movimiento en el área digital y la libertad de circulación en el mercado único constituyen de alguna manera la quinta de las hasta ahora cuatro libertades fundamentales. En un acto sobre el DSM en Madrid en junio, el embajador holandés en España, Matthijs van Bonzel lanzaba el desafío: “Can Europe take the lead?” La respuesta solo puede ser que la UE puede y debe liderar en este tema.

La participación del paciente

Tribuna de opinión en Compromiso Empresarial

De la transparencia a la participación del paciente

De la transparencia a la participación del paciente

La legitimidad social y la independencia



CE
“Las políticas de reducción del gasto farmacéutico o los impopulares copagos no son instrumentos suficientes para hacer sostenibles los sistemas de salud, pues ninguno de ellos puede revertir la exitosa y privilegiada situación de progreso que disfrutan nuestras generaciones: vivimos más años y la innovación nos da acceso a nuevos fármacos.”

“Ante esta situación, gobiernos, gestores e industria empiezan a ver a los pacientes/ciudadanos no solo como beneficiarios del sistema de salud sino como el principal agente que puede hacer sostenible el sistema. Dicho de una manera simple, ¿qué mejor forma de reducir el gasto que previniendo enfermedades?”

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